18 abr 2010

Cuentas Pendientes - Martín Kohan


Durante mi estancia en la capital cordobesa, compartía con cinco amigos un ruinoso departamento cuyo alquiler pagábamos en sendas rigurosas partes. Era un deber ético, solidario y de convivencia, no retrasarse jamás en el aporte común, pues dicha situación comprometía, más aun, los ya de por si alicaídos bolsillos de los demás. Fue una hermosa edición de los Cuentos Completos de Roberto Arlt, con tapas negras y prologo de Ricardo Piglia que saco seix barral aquel año, la causa de que al día de hoy, cuando coincidimos en algún encuentro con ellos, todavía me reputeen por ese mes de alquiler que tuvieron que bancarme.

Cuatro son los meses de alquiler que debe Gimenez, el octogenario protagonista de Cuentas Pendientes, aunque el desvío de fondos en este caso, responde a una causa mucho más obsesiva que la mía: sumar fracasos yéndose de putas, a sabiendas de que la firmeza de su deseo no se corresponde con la flacidez que muestra esa parte de su físico.

La voz dominante del acreedor, nos ira narrando un perfil miserable y decadente del moroso viejito, quien ocupa para sí un departamentito minúsculo en planta baja, mientras que su insoportable ex mujer y su convaleciente ex suegra, ocupan uno mas espacioso en el tercer piso, acrecentando no solo su deuda, sino fundamentalmente su oprobio, al no poder desligarse de ellas. La solitaria y anodina vida de Gimenez se completa con la única amistad del retirado coronel Vilanova, a quien suele aportarle algún dato interesante para su negocio de venta de autos usados, que el militar retribuye ahora en dinero, aunque en oscuras e innobles épocas supo agenciarles en adopción una hija de desaparecidos nacida en cautiverio.

Terciando la novela, locador y locatario se encuentran frente a frente, en diferentes y obvias condiciones de fortaleza, que el transcurrir de ese cruce ira lavando, hasta dejar al descubierto las cuentas pendientes que también corroen al dueño.

No voy a ahondar aquí en la calidad de la prosa de Martín Kohan, por todos ya conocida, basta un sustantivo tuneado en adjetivo por obra y gracia de la cultura popular cordobesa: un librasazo!

10 abr 2010

Nivel Medio - Sergio Gaiteri


La parálisis que afectó a este blog durante algunas semanas, tuvo sus raíces en la temporada de texto escolar, hecho que anualmente nos pone en estado de catatónica ansiedad. Durante ese período, la librería se asemeja a esos apacibles pueblitos serranos que en verano se ven sacudidos por una marea de “turistas”, cuyos estados de animo van desde la histérica ansiedad de los más pequeños hasta la apática pereza de los adolescentes. Esa coloratura de caracteres se sintetiza por proximidad en la personalidad del librero, tornándolo un ser irascible y soez, seduciendo la insanía. Aquellas personas de buen corazón, sabrán disculparlo.
En ese contexto escolar también se desarrolla Nivel Medio, la primer novela del cordobés Sergio Gaiteri, edición que esperaba con abundante expectativa, menos por la excelente performance obtenida en un par de concursos (fue finalista del premio Clarín/08 y Emecé/09) que por haber leído el cuento homónimo en su anterior trabajo, Certificado de Convivencia.
Aquel cuento, se transformó en el primer capitulo de la novela, presentándonos a un joven docente de literatura principiar su carrera laboral al frente de un curso entre cuyos alumnos se destaca, por discordancia, Alfio, un pibe que destila un impasible odio hacia la escuela en general y a una pareja de compañeros en particular; sentimiento que solo se hace visible en las producciones literarias exigidas por el docente, plasmado en una prosa refinada cuyo estilo lo emparenta más que a Güiraldes, a Marilyn Manson.
Alfio parece ser un artefacto a punto de estallar, pero su figura queda desactivada de la trama cuando Claudio, el docente, descubre que su mujer lo engaña con el odontólogo para quién trabaja de secretaria. El propio peso de esta noticia termina por torcer el eje de la novela, intercalándose a partir de allí, las voces de quienes comparten la misma mujer. Ambos protagonistas pertenecen a contextos y generaciones distintas, sin embargo la manera en que afrontan las relaciones personales son parecidas: prima en ellas el desconcierto, la duda, la imposibilidad de descifrar el mecanismo que las constituye y que tan bien parece manejar la mujer que los iguala. Cada uno afronta su historia personal con ese karma a cuestas, y por esa ladera desfila la novela, sabedora de que la última es solo una página más.
El día que llegó este libro, apenas termine de cenar, lo calcé debajo del brazo y enfile para la pieza. Cuando lo termine y volví a tomar conciencia de quién era y donde estaba, mi mujer y los chicos hacia rato ya dormían. Lo deje arriba de la mesita y me dormí con la sensación de aquel plateista, que aunque su equipo ganó por goleada, espera la salida del técnico para reprocharle por lo bajo: Gaiteri, ponelo al pibe!

19 feb 2010

Lengua Madre - María Teresa Andruetto



Se tuvieron que ir. Tanta hambre lleno la panza de los barcos y los degeneró en bulímicos. La pampa que era virgen e ingenua, se empino los primeros vómitos creyendo que era champán. Cuando se dio cuenta, la adicción ya se le había hecho carne y costumbre. No será rico pero llena, habrá pensado y siguió chupando todo lo que le trajeron. De ese brebaje fermentaron mis cuatro abuelos. Todos piamonteses. La muerte y ese prodigio del aprovechamiento de los recursos que eran las “carneadas”, solían juntarlos. Mis ojos de niño alcanzaron a orillar aquellas reuniones, donde la grapa sucumbía en el afán de humedecer aquel lenguaje seco, de palabras cortas que chocaban contra el paladar antes de salir, como si una mano invisible les apretase la garganta mientras hablaban. Nunca pude pronunciar correctamente marin’a, sinónimo de nona con que identificábamos a mi abuela Francisca. En mi recuerdo la sigo llamando maringa, apretando la nuez con el dedo cuando vocalizo la “g”. Sus padres y la mitad de sus hermanos se habían tomado el palo de Airasca, un pequeño pueblito pegado a Turín, del que muchos años después, también se piró Stefanín, el referente masculino de esta novela familiar protagonizada por tres mujeres: su esposa, su hija y su nieta.
Arrancando en la actualidad, el libro se centra en la figura de Julieta (la nieta) quien después de pasar unos años en Alemania como becaria, retorna al país a cumplir el deseo de Julia, su madre recientemente fallecida: leer las cartas que durante años fue acumulando, a manera de póstumo descargo.


“Recorrer las cartas es recorrer el pasado, debe comprender eso si quiere seguir adelante: un pasado no solo suyo, sino también de su familia y de su tierra.”


La lectura de esas cartas, escritas en su mayoría por la abuela, nos remiten al pasado y al drama: la huida de Julia al sur, su largo ocultamiento en un sótano escapando de la represión militar, el tempranero exilio de su compañero, el nacimiento y la posterior separación de Julieta, criada al amparo de sus abuelos en la pueblerina y cercana Oliva (Aldao en la ficción). Ese ejercicio de antropología epistolar en que se sumerge Julieta, la irá conectando con la sencillez de sus recuerdos familiares, impregnados por la lengua y la cultura piamontesa, combo que terminará por responder los dolorosos interrogantes que marcaron su vida.


“Cree que la tristeza –como tantas otras cosas- se hereda. Fue educada en ese pueblo, bajo la tutela de un hombre que perdió a su padre en la guerra, que se trasplantó en otro país, que arrastro el dolor de perder a su familia y que llevó ese dolor a todas partes. Eso le dejó huellas. Ella no puede decir: la guerra, el exilio, la muerte, no tienen nada que ver conmigo.”


Maravilloso también resulta la inclusión entre las cartas de algunas fotos (presentes en la edición), que en su silencio de plata nos remiten atmosferas, fisonomías y expresiones que el lector va descubriendo a la par de la protagonista, en un proceso simbiótico de indagación y empatía. Resulta difícil no reconocerse en la simpleza de esos ambientes de clase media de pueblo de llanura, enmarcados en aquel formato 9x13 cm.
 “Lo que para algunos es trapo, para otros es bandera”, sentencia la nona, y probablemente la pertenencia a una misma cosmovisión con la autora, hayan influido en la manera que la lectura de esta novela me caló hasta los huesos. Sin embargo, sospecho que hay algo más. Puede hacerse muy buena literatura relatando hechos extraordinarios, pero muy pocos tienen la capacidad de llegar más allá, prescindiendo de ellos. Maria Teresa Andruetto lo hace. Y nos pertenece.




12 feb 2010

El silenciero - Antonio Di Benedetto


Por estos días la avenida que bordea el río de mi ciudad, trueca sus largas visuales de verde fisonomía por la apretujada y serpenteante hilera de tablones con roja piel de nylon, en donde anualmente nos acodamos, locro mediante, a renovar el compromiso colectivo de las peñas. En improvisados escenarios, ignotos cantores ofrecen su arte, amplificados por desleales parlantes que se baten en estériles batallas por imponer sus decibeles. La justa se renueva noche a noche precedida por un estruendo de bombas, que intima a perros y huraños a la desesperada pesquiza de algún hueso de silencio. Similar búsqueda es la que emprende, con obstinada perturbación, el protagonista de El silenciero, cuando vecino a la casa que comparte con su madre, instalan un taller de reparaciones. El ruido de allí derivado comienza a torturarlo, resultando en vano las denuncias y sabotajes que lleva adelante en pos de aplacarlo. Ni la amistad de un alucinado personaje, ni la concresión de su casamiento, logran pacificar su atormentada existencia, siempre acechada, a pesar de las continuas mudanzas, por algún ruido que le impide concentrarse en su anhelado y siempre postergado, proyecto de escritura.
"Lo sabés ? La noche fue silencio. Precedió el silencio a la creación. Silencio era lo increado y nosotros los creados venimos del silencio. De silencio fuimos y al polvo del silencio volveremos. Alguien pide: que pueda yo recuperar la paz de las antiguas noches y se le concede un silencio vasto, serenísimo, sin bordes. El precio es su vida."

La prosa lacónica y depurada del gran maestro mendocino (que como señala JJ Saer en el prólogo, no reconoce antecedentes ni continuadores) encarna brillantemente no solo la personalidad del protagonista, sino también el postulado que lo lleva adelante: sofocar el ruido, que no nos deja escuchar al cantor.
Cualquier similitud con la realidad del país, es mera coincidencia.

1 feb 2010

Plataforma - Michel Houellebecq


"La gente desconfía de las personas que a partir de cierta edad se van solas de vacaciones; creen que son un poco egoístas y probablemente un poco viciosos; no puedo decir que se equivoquen."
La cita aparece en la primera página de Plataforma, un libro cuya temática aborda el sexo y las vacaciones de manera inteligente y brillante.
Michael, un empleado público cuarentón y soltero, recibe la herencia de su recientemente fallecido padre y decide patinarla cumpliendo el sueño de la gran mayoría: viajar a algún sitio exótico donde coexistan, en número regular, playas y putas.
Elije como primer destino Tailandia, lugar al que también partirá el lector, junto a un heterogéneo grupo de turistas, cuyas actitudes y posturas son descriptas y analizadas desde la mirada acida y apática del protagonista. El tipo no será un partenaire ideal como compañero de viaje, pero por lo menos la tiene clara:

“Seducir a una mujer que uno no conoce y coger con ella se ha convertido, sobre
todo, en una fuente de humillaciones y problemas. Cuando uno considera las
fastidiosas conversaciones que hay que soportar para llevarse a una tía a la
cama… se entiende que los hombres quieran ahorrarse problemas a cambio de una
pequeña suma.”

No obstante, conoce a Válerie, con la cual una vez retornados a sus respectivos hogares, vivirá un romance de imprevista intensidad, que los llevará a emprender, junto a un amigo de ella, el negocio del turismo sexual, que luego del éxito inicial, acabara en tragedia.
La novela, cuyas escenas de sexo son de las mejores que he leído, plantea que si antes la seducción era el mecanismo para establecer encuentros sexuales, el narcicismo y egoísmo de que hoy es objeto esa seducción, a dado paso a suplirla por el poder del dinero.
Como contraste aparece el amor autentico y absoluto de su relación con Válerie, oposición que se sustenta en el sentido de la entrega:
“Es imposible hacer el amor sin un cierto abandono, sin la aceptación, al menos
temporal, de un cierto estado de dependencia y de debilidad. La exaltación
sentimental y la obsesión sexual tienen el mismo origen, las dos proceden del
olvido parcial de uno mismo; no es un terreno en el que podamos realizarnos sin
perdernos.”

Párrafo aparte merecen algunas polémicas consideraciones que el autor expone sobre Cuba y la religión musulmana, situación que le imputó feroces críticas de los más variados sectores. Más allá de eso, leerla es un verdadero placer.

22 ene 2010

El evangelio según Van Hutten - Abelardo Castillo


Suelo elegir pasar las vacaciones en lugares no demasiado congestionados, preferiblemente del Valle de Calamuchita, en donde la conjunción de sierras y pinos sosiegue el espíritu desbocado y estrepitoso de mis niños. Este año cambie de lugar aunque no de paisaje, lo que me valió la reprimenda de la más pequeña de mis hijas, quién visiblemente molesta me recrimino la inutilidad del regalo que invariablemente le traen los Reyes Magos (palita, balde y rastrillo) en aquellos lugares llenos de "pierdototas". Cuando se entere que ambas decisiones pertenecen al mismo ser, ruego logre reprimir el deseo de convertirse, ipso facto, en huérfana.

Uno de los lugares que se ajusta perfectamente a las premisas descriptas es La Cumbrecita, hermosa y enigmática villa alpina enclavada en nuestras serranías cordobesas, a la que en plan de vacaciones acude el narrador de esta novela: un maduro y conflictuado profesor de historia quien descubre que allí se esconde el paranoico arquéologo Estanislao Van Hutten, que en 1947 descubriera los rollos del mar muerto. En misteriosos encuentros, el arquéologo le ira revelando su interpretación de aquellos milenarios escritos que ocultan una verdad tan influyente como el poder que la silencia, ficción que le sirve al autor (un apasionado del tema, Abelardo Castillo fue educado en un colegio Salesiano, lo que le despertó una gran vocación sacerdotal, que según sus palabras fue desviada por la temprana lectura de Descartes, la que le mostró el camino que terminaría por ubicarlo en las antípodas de aquella inspiración adolescente) para darnos su versión de Jesús:


"En suma que Jesús era hijo de Dios pero no era en absoluto, el Jesús de la
tradición. Era un esenio, una especie de anarquista que habia venido a poner al hijo contra el padre y al hermano contra el hermano, un judío de carne y
hueso que decía: si lo das todo menos la vida, has de saber que no diste nada, y que, por si esto fuera poco, había establecido el mandamiento imposible de amar al prójimo como a uno mismo".

Escrita con un lenguaje sencillo y efectivo, la sensación colectiva de que los habitantes de La Cumbrecita, alemanes en su gran mayoría, ocultan algo, es explotada brillantemente por la novela, que imagino no hubiese sido la misma en otro contexto. La aparición de otros personajes secundarios aunque igualmente misteriosos, como el taxista húngaro y la joven Christianne, oficia de contrapunto a la idea central de la novela, aquella que proclama que en el rastreo de la verdad, solo se encuentra lo que se estaba buscando.

3 ene 2010

dosmilnueve


Durante estos días los grandes, medianos y pequeños medios de comunicación, desandan el trajinado camino del balance; asistimos como mansos corderos a un caprichoso resumen de lo relevante, donde las interpretaciones personales se envuelven con el cálido ropaje de la aceptación pública. En el reparto de virtudes, tampoco me fue concedida la originalidad, situación que me obliga a callar o en su defecto transitar las hondas huellas del camino referido. Con la presión de aquel que pudiendo elegir el silencio, escoge la palabra que lo condena, me remito a recordar y en un mismo acto socializar, algunos de los libros editados en el 2009 que he vendido con mayor gusto.

Lector contestatario: puede existir placer en una transacción comercial?
Administrador del blog: el goce no reside en el comercio de la cosa, sino en participar al otro en el descubrimiento de algo placentero.
Lector contestatario: similar argumento puede provenir de un proxeneta.
Administrador del blog: en cuyo caso deberá Ud. emitir juicio de valor sobre quien demanda la cosa y no, sobre el demandado.
Lector contestatario: ok, le otorgare el beneficio de la duda, siga.

Diferenciaré en esta tarea dos grupos: reediciones e inéditos, y en este último tres niveles (nacional, provincial y local)
Reediciones:
Cuentos Completos – Edgar Allan PoeUna edición fabulosa donde se compilan los más de setenta cuentos que hicieron de Poe una de las figuras más influyentes, no solo en el ámbito de la literatura, sino también del cine, la música y la pintura. Con traducción y notas de otro grande: Julio Cortázar.
Esta canción de los Piojos, hace referencia a uno de esos cuentos: Morella, nombre que había elegido para su hija a punto de nacer, una joven parejita que se acerco a la librería a leerlo. Ignoro si le pusieron ese nombre, pero les gusto tanto el cuento que terminaron llevándose el libro.
Inéditos:
Bajo este sol tremendo – Carlos BusquedUna de las grandes revelaciones en el panorama de la literatura nacional. La primer novela de este chaqueño, presagia un gran escritor por venir.
Vuelve – Lucas TejerinaLa poesía de este bellvillense radicado en Córdoba es frontal y directa, pero sus palabras que en primera instancia salen disparadas hacia destinos inciertos, vuelven, como los boomerangs que el mismo fabrica, a parasitar nuestro interior. Anidada allí, muerde, corroe, lastima y revienta, como un allien.
Murarena – Jorge Rossi
Una novela actual, una polifonía de voces que testimonian, con la distorsión propia de las ficciones, claros y oscuros de una sociedad acotada, inmersa en un paisaje urbano que nos es propio a los villamarienses. El río, los prostíbulos, el político exitoso y corrupto, los pibes del suburbio seducidos por la delincuencia, la barrita de amigos, el asado y el futbol. Todo cabe y es reflejo. La novela, espejo.

20 dic 2009

El Evangelio según Jesucristo - José Saramago


Parece extraño pensar hoy, que en los años de mi niñez el centro de mayor movilidad social del barrio era una parroquia: “la iglesia del padre Hugo”, como todos la conocíamos, era el motor de aquel caserío humilde plagado de baldíos. Donde ahora esta el templo, antes estaba la canchita, cuya expresa prohibición de utilizarla los domingos, desbrozaba el camino de tentaciones a aquellos pibes de poca fe, que acudíamos a misa con el único propósito de ganarnos las entradas para el matiné en el cine Rex, que el propio padre Hugo repartía al finalizar el oficio.
Por estas épocas, ciertas madres se daban a la tarea de organizar el pesebre viviente, al que en alguna oportunidad fui cooptado, en función de mi precoz altura, para representar a San José; Fue recién ha mediados de los 90’, después de leer el Evangelio según Jesucristo, que repare en lo injusto que fueron los Evangelios, ninguneando y vedando todo protagonismo, a aquella figura que había representado de niño.
Por el contrario, el evangelio escrito por Saramago en tercera persona, con una prosa excelsa y a tono con la temática, narra su visión respecto de los hechos referidos en el nuevo testamento y lo hace apelando a la humanización, lisa y llana, de los principales protagonistas: José y Jesús, padre e hijo, quienes cada uno a su turno según avanza la novela, deben cargar con el gran invento del cristianismo: La Culpa.
El autor, ateo confeso, se autoexilio de su Portugal natal después de la polémica desatada por la publicación de este libro, en el que los sagrados personajes se ven humanizados al punto de confundírseles con cualquier hijo de vecino, y al respecto nos dice:


"Es posible que estas suposiciones parezcan inadecuadas, no solo a la persona
sino también al tiempo y al lugar, osando imaginar sentimientos modernos y
complejos en la cabeza de un aldeano palestino nacido tantos años antes de que
Freud y Lacan vinieran al mundo, pero nuestro error, no es ni craso ni
escandaloso, si tenemos en cuenta el hecho de que abundan, en los escritos que a
estos judíos sirven de alimento espiritual, ejemplos tales y tantos que nos
autorizan a pensar que un hombre, sea cual sea la época en que viva o haya
vivido, es mentalmente contemporáneo de otro hombre de otra época cualquiera."

Ignoro si Daniel Salzano habrá tenido una experiencia similar a la mía, pero cuando escuché a Jairo interpretar esta canción, me alegró saber que la reivindicación de San José distaba mucho de aquella que a su turno había hecho Benedicto XV, declarándolo Santo Patrono Contra el Comunismo.

6 dic 2009

Más liviano que el aire - Federico Jeanmaire


Acabo de leer Más liviano que el aire, la muy reciente novela ganadora del 12º premio clarín 2009, escrita por Federico Jeanmaire, un bonaerense de larga trayectoria, habituado ya a ganar concursos.
“A mi, lo que me interesa es lo solos que vivimos todos y lo difícil que nos resulta comunicarnos, y que es esa soledad la que termina por generar violencia” dijo días atrás cuando recibió, ante un nutrido grupo de personalidades de la cultura autóctona y mediática fiesta mediante, el apuntado premio.
Nadie podrá recriminarle al autor incoherencia alguna entre esas palabras, dichas al amparo de flashes, entrevistas y congratulaciones, y su novela, llevada adelante por la única voz de una solitaria anciana, quien logra encerrar en el baño de su departamento al joven ladrón que pretendía robarla, obligándolo a escuchar la historia de su madre. Allí empieza otra novela dentro de la primera, la que lentamente irá desgranando la viejita, entre recuerdos de una infancia relegada y surcada por el trágico final de su progenitora y su anodina vida de maestra soltera. Este relato termina por delinear a los dos personajes centrales, quienes evocan la vieja dicotomía sarmientina de civilización y barbarie, resultando el pibe chorro un fiel representante del otrora malentretenido gaucho, al que la “civilizada” nonagenaria intenta reencauzar y redimir, manteniéndolo paradójicamente, secuestrado en su baño y diciéndole cosas como esta:

“por que la libertad, escúcheme bien hijo, esta completamente ligada a la
propiedad. Uno se siente libre cuando posee. Cuando se hace finalmente
propietario de algún bien, espiritual o material, que llevaba tiempo deseando
con alguna intensidad. Los filósofos pueden decir lo que quieran acerca de la
libertad, pero, la verdad, la única verdad, es que la libertad es la apropiación
personal de algún bien o de algún sueño. Me escuchó?”

Desde que empieza, un jueves, los días van pasando y la expectativa crece hasta el domingo a la mañana, en que se desencadena el final, cerrando de manera excelente la novela, con una referencia directa su titulo.
Un joven escritor local compitió, junto a casi ochocientos autores de todo el mundo, en este concurso que gano F. Jeanmaire. Lo hizo con su primer novela, Murarena, que presentara el próximo jueves a las 19:30 hs. en la medioteca. También habla de la soledad, la incomunicación, la política y la violencia, en el contexto de nuestra Villa María. Léanla. Se las recomiendo.

14 nov 2009

Trento - Leónidas Lamborghini


La infausta noticia me empujo la reseña de una de las últimas y pocas novelas que escribió el inclasificable poeta, la que leí hace poco tiempo, gracias a una intimación judicial con amenaza de embargo incluida, que un considerado estudio de abogados remitió a mi domicilio y cuyo titular (quien escribe en este caso) debía hacer efectiva en la Dirección de Rentas local. Anoticiado del gran número de personas en idéntica situación, fui acompañado de Trento, ya que era dable esperar una forzosa estadía de varias horas en aquel lugar, circunstancia confirmada al sacar número: me precedían dos series de 100 números cada una. Me senté en el último tramo de la escalera que va al 1º piso y retome la lectura que había comenzado unos días atrás.
Ambientada en el último año del Concilio de Trento (1545-1563) hecho que estableció el Dogma de la Iglesia y confirmó el poder de la Inquisición, tiene como personajes a Procopius, uno de sus más encumbrados obispos conciliares, quien avanzado el relato va intercalando ideas teológicas y testimonios de herejes condenados a la hoguera, con la pasión enfermiza y desenfrenada que siente por las precoces habilidades sexuales de su joven discípula, Gitona, a quien mantiene clandestinamente en su sótano.
La novela, a veces se hace poesía, otras ensayo, otras una obra de teatro, y hasta toma la forma de diario intimo; permanentemente se quiebra y se reconstruye, es antidogmática, no solo en su contenido, sino también en su forma. El gran tema del libro es ese: la inutilidad del dogma, sea este religioso, literario o de cualquier índole, tratado y desactivado de manera admirable, incluso a veces apelando al humor:

"Hace ya muchos años, una fría noche de invierno, seminaristas del último curso,
condiscípulos míos, me preguntaron si quería conocer la cara de dios: no sin
sorprenderme, respondí que sí….llegamos, tratábase de un miserable bohío en las
afueras….la mujer apareció en el centro del escenario: una anciana pintarrajeada
que meneaba un mustio clavel en sus dedos…apoyando su tremendo culo en un cajón,
totalmente desnuda, tetas caídas hasta la barriga… abre al máximo sus piernas,
me muestra su rapado sexo y señalando el tajo, me espeta: ¡Esta es la cara de
dios, acá está toda la teología y lo demás es puro cuento, mentira, mierda!"

A estas horas, Lamborghini seguramente ya habrá tenido alguna confirmación de la existencia de Dios, y de su cara.
Por mi parte, tuve que volver a Rentas. Pero esta vez, para matizar la espera lleve caramelos; no quería que se me volviese a pasar el número.