20 dic. 2009

El Evangelio según Jesucristo - José Saramago


Parece extraño pensar hoy, que en los años de mi niñez el centro de mayor movilidad social del barrio era una parroquia: “la iglesia del padre Hugo”, como todos la conocíamos, era el motor de aquel caserío humilde plagado de baldíos. Donde ahora esta el templo, antes estaba la canchita, cuya expresa prohibición de utilizarla los domingos, desbrozaba el camino de tentaciones a aquellos pibes de poca fe, que acudíamos a misa con el único propósito de ganarnos las entradas para el matiné en el cine Rex, que el propio padre Hugo repartía al finalizar el oficio.
Por estas épocas, ciertas madres se daban a la tarea de organizar el pesebre viviente, al que en alguna oportunidad fui cooptado, en función de mi precoz altura, para representar a San José; Fue recién ha mediados de los 90’, después de leer el Evangelio según Jesucristo, que repare en lo injusto que fueron los Evangelios, ninguneando y vedando todo protagonismo, a aquella figura que había representado de niño.
Por el contrario, el evangelio escrito por Saramago en tercera persona, con una prosa excelsa y a tono con la temática, narra su visión respecto de los hechos referidos en el nuevo testamento y lo hace apelando a la humanización, lisa y llana, de los principales protagonistas: José y Jesús, padre e hijo, quienes cada uno a su turno según avanza la novela, deben cargar con el gran invento del cristianismo: La Culpa.
El autor, ateo confeso, se autoexilio de su Portugal natal después de la polémica desatada por la publicación de este libro, en el que los sagrados personajes se ven humanizados al punto de confundírseles con cualquier hijo de vecino, y al respecto nos dice:


"Es posible que estas suposiciones parezcan inadecuadas, no solo a la persona
sino también al tiempo y al lugar, osando imaginar sentimientos modernos y
complejos en la cabeza de un aldeano palestino nacido tantos años antes de que
Freud y Lacan vinieran al mundo, pero nuestro error, no es ni craso ni
escandaloso, si tenemos en cuenta el hecho de que abundan, en los escritos que a
estos judíos sirven de alimento espiritual, ejemplos tales y tantos que nos
autorizan a pensar que un hombre, sea cual sea la época en que viva o haya
vivido, es mentalmente contemporáneo de otro hombre de otra época cualquiera."

Ignoro si Daniel Salzano habrá tenido una experiencia similar a la mía, pero cuando escuché a Jairo interpretar esta canción, me alegró saber que la reivindicación de San José distaba mucho de aquella que a su turno había hecho Benedicto XV, declarándolo Santo Patrono Contra el Comunismo.

6 dic. 2009

Más liviano que el aire - Federico Jeanmaire


Acabo de leer Más liviano que el aire, la muy reciente novela ganadora del 12º premio clarín 2009, escrita por Federico Jeanmaire, un bonaerense de larga trayectoria, habituado ya a ganar concursos.
“A mi, lo que me interesa es lo solos que vivimos todos y lo difícil que nos resulta comunicarnos, y que es esa soledad la que termina por generar violencia” dijo días atrás cuando recibió, ante un nutrido grupo de personalidades de la cultura autóctona y mediática fiesta mediante, el apuntado premio.
Nadie podrá recriminarle al autor incoherencia alguna entre esas palabras, dichas al amparo de flashes, entrevistas y congratulaciones, y su novela, llevada adelante por la única voz de una solitaria anciana, quien logra encerrar en el baño de su departamento al joven ladrón que pretendía robarla, obligándolo a escuchar la historia de su madre. Allí empieza otra novela dentro de la primera, la que lentamente irá desgranando la viejita, entre recuerdos de una infancia relegada y surcada por el trágico final de su progenitora y su anodina vida de maestra soltera. Este relato termina por delinear a los dos personajes centrales, quienes evocan la vieja dicotomía sarmientina de civilización y barbarie, resultando el pibe chorro un fiel representante del otrora malentretenido gaucho, al que la “civilizada” nonagenaria intenta reencauzar y redimir, manteniéndolo paradójicamente, secuestrado en su baño y diciéndole cosas como esta:

“por que la libertad, escúcheme bien hijo, esta completamente ligada a la
propiedad. Uno se siente libre cuando posee. Cuando se hace finalmente
propietario de algún bien, espiritual o material, que llevaba tiempo deseando
con alguna intensidad. Los filósofos pueden decir lo que quieran acerca de la
libertad, pero, la verdad, la única verdad, es que la libertad es la apropiación
personal de algún bien o de algún sueño. Me escuchó?”

Desde que empieza, un jueves, los días van pasando y la expectativa crece hasta el domingo a la mañana, en que se desencadena el final, cerrando de manera excelente la novela, con una referencia directa su titulo.
Un joven escritor local compitió, junto a casi ochocientos autores de todo el mundo, en este concurso que gano F. Jeanmaire. Lo hizo con su primer novela, Murarena, que presentara el próximo jueves a las 19:30 hs. en la medioteca. También habla de la soledad, la incomunicación, la política y la violencia, en el contexto de nuestra Villa María. Léanla. Se las recomiendo.