25 jun. 2011

El breve reinado de Pipino IV - John Steinbeck



El domingo próximo tendrán lugar en mi ciudad las elecciones municipales. Diez candidatos, más de la mitad de ellos impresentables, se someterán al juicio inapelable de la opinion pública. En un año electoral como el presente, lo ordinario de la situación no debería sorprender, excepto que este distrito en particular guarda una similitud sorprendente con lo que acontece a nivel nacional, razón que nos induce a pensar que este escenario es un ensayo, una especie de maqueta, de aquel otro más complejo e importante, que es la elección presidencial de octubre.
Aquí, uno de los integrantes del matrimonio que conserva el poder desde hace varios períodos intentará la reelección; hasta último momento su candidatura se mantuvo en la total incertidumbre y no hace falta haber hecho un curso en el Jockey Club para arriesgar que lleva varios cuerpos de ventaja sobre sus contrincantes, quienes después de amagar en la conformación de un frente terminaron aferrados al ego de pequeñas candidaturas, delegando su verdadero rol de oposición en manos de algunos medios de comunicación.
En este esquema, resulta interesante la lectura de El breve reinado de Pipino IV, sátira escrita en 1957 por el Nobel californiano John Steinbeck.
La novela narra en un tono mordaz e irónico, las vicisitudes por las que atraviesa un tranquilo aficionado a la astronomía, cuyo lejano pasado aristocrático lo convierten en el candidato ideal para restaurar la monarquía en una conflictuada Francia de fines del siglo XX.
"Las grandes decisiones políticas surgen a menudo por causas nimias e incluso frívolas. Bien entrada la segunda semana, los líderes de los principales partidos políticos se encontraron con que sus voces, que habían ido pasando sucesivamente de altas a graves y luego a roncas, habían finalmente desaparecido por completo. Fue entonces cuando el compacto grupo de líderes de los Monárquicos pasó a la ofensiva. No habiendo tenido esperanzas de ser incluidos en ningún gobierno, se habían abstenido de hacer discursos, por lo que conservaban sus voces. Tras la confusión de ocho días de debates, la calma que mantenían los Monárquicos resultaba, en contraste, explosiva."
Aunque no del todo convencido, el apacible Pipino acepta el convite y es ungido rey, no por mayoría sino por descarte, acometiendo la tarea de gobierno con la mejor buena voluntad de que dispone. Rápidamente caerá en la cuenta de que esta siendo fagositado por un sistema perverso cuyo único objetivo es perpetuarse a sí mismo.

"¿qué opinas de la idea de que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente?
-El poder no corrompe -dijo el rey-. El miedo es lo que corrompe, o acaso el miedo a perder poder.
-¿Pero no es el propio poder el que crea en otros hombres el impulso que causa miedo a quien ostenta el poder? ¿Puede el poder existir sin el miedo primordial que provoca la corrupción? ¿Puede haber lo uno sin lo otro?"
No hace falta fruncir el ceño para hablar de política, Steinbeck nos desmuestra que la verdad  puede decirse sonriendo, basta con un poco de imaginación, la gran ausente en esta campaña electoral que acaba de finalizar. Imaginación muchachos, eso es lo que no hay. Candidatos sobran.
"Y mientras tanto, Francia disfrutaba de tal paz y prosperidad y bienestar…estaba en la cima de la buena suerte. Siendo esto así, como se explica la nubecilla que se dejó ver sobre el horizonte a mediados de septiembre, que fue creciendo y oscureciéndose durante las primeras semanas de octubre y que pareció llenarse de tormentosas nubes negras al aproximarse noviembre?
Es una tendencia humana desconfiar de la buena fortuna. En los malos tiempos estamos demasiado ocupados protegiéndonos. Para eso estamos preparados. Lo único contra lo que nuestra especie no sabe oponerse es contra la buena fortuna. Primero nos sorprende, luego nos asusta, después nos encoleriza y finalmente nos destruye."