26 jul. 2010

Snuff - Chuck Palahniuk



Después de varios días de frío intenso, la agradable temperatura del fin de semana asignaba a mi persona la imposibilidad de seguir dilatando algunas tareas hogareñas que se me reclamaban. No obstante, después de almorzar y en excusa digestiva, encaré Snuff, cuya lectura demoraba influenciado por la crítica negativa de varios medios que la rotulaban como repetitiva, efectista, prescindible y varios sinónimos del estilo.
No te lo creas.
¿Qué hace uno cuando toda su identidad queda destruida en un solo instante? ¿Cómo reacciona uno cuando toda la historia de su vida resulta estar equivocada?
Es lo que se pregunta Sheila, la joven productora de la película porno, en la cual 600 tipos serrucharán consecutivamente el ya desvencijado cuerpo de la legendaria estrella Cassie Wright, quien intentará de esta manera, culminar su carrera batiendo el record mundial de gang-bang.
Localizada en el set de filmación, más precisamente en el subsuelo en donde los inscriptos esperan su turno para actuar, la novela alterna la narración en las voces de la productora y tres interesados:
El joven nº 72, cuya madre adoptiva, al descubrirlo masturbándose con una muñeca inflable viendo un video de Cassie, lo echa de casa espetándole que esa guarra es su madre biológica.
El nº 137, actor fracasado, intentará redimirse ante su padre de su homosexualidad, apelando a una actuación convincente gracias a una sobredosis de viagra.
El nº 600 es un decadente pornostar que en su juventud, mediante el uso de barbitúricos, inicio a su bella e inteligente noviecita en la carrera del cine porno…y en la maternidad.
Cada uno guarda interiormente disímiles expectativas respecto del breve momento que compartirán con la reina del porno, pero todos sostienen en común el deseo de que cambie para siempre sus vidas. Y lo hará. Pero no como tú lo imaginas.
Ignoro por que la crítica reclama en esta novela, actitudes y posturas que el autor nunca tuvo en las anteriores. Palahniuk escribe de este modo desde siempre, es su estilo y lo mantiene, como tantos otros. O lo tomas o lo dejas.
Pero no te lo creas.
Recién cuando llegué al final, me percate que los rayos del sol ya asumían la horizontalidad del ocaso, cuyo manto de sombras no tardarían en eludirme de las reparaciones prometidas y el malhumor de mi mujer.
Créetelo.

3 jul. 2010

El Fantasista - Hernán Rivera Letelier


"El hombre apretó la pelota como verificando la cantidad exacta de aire, miró al cielo, se persignó con la liviana gravedad de los futbolistas (mientras lo hacía, la sombra de un jote lo cruzó por encima), lanzó la pelota hacia arriba, la amortiguó con la cabeza y comenzó a hacer sus increíbles malabares de futbolista de circo. Nosotros nos quedamos pasmados."
La tercera persona que relata la novela, es un doblegado habitante de Coya Sur, un eclipsado pueblito perdido en las salinas del desierto Chileno, al que por extrañas fuerzas del destino llega Expedito González, el fantasista de la pelota, justo unos días antes de que el seleccionado local juegue el partido final contra su eterno archirrival, el combinado de Coya Norte, ciudad que encarna en sus vecinos el progreso, la prosperidad y el desarrollo.
"Y fue el Pata Pata, el que de pronto dijo lo que todos nosotros estábamos pensando: que ese casposo –así trataba él a todo el mundo- nos había caído por la chimenea; que con él jugando de centro-forward el domingo próximo le podríamos sacar la cresta a los cometierra. Por su parte, nuestro pechoño y vitalicio presidente de la Asociación de Fútbol, caído en piadoso arrobamiento, musitó, casi rezando, que el fantasista de la pelota blanca era propiamente nuestro salvador, algo así como un enviado de Dios. –Este hombre es el Mesías, dijo-"
A partir de esta posibilidad, toda la población sureña se embandera tras la ilusión que despierta el diminuto futbolista recién llegado de tierras extrañas, quien al final acepta el convite, a cambio de las contribuciones correspondientes. Durante los días previos, Cachimoco Farfán, el loco que con un tarro como micrófono relata los partidos, mezclando las acciones de los jugadores con algunas infidencias de sus vidas privadas, se encargará de glorificar, con su característico lenguaje plagado de términos médicos, las sensacionales virtudes del fantasista ante los rivales.

La desazón se hace presente, cuando en el primer entrenamiento, a escasísimos días del trascendental encuentro, se percatan de que Expedito González jamás ha jugado en un equipo y que ignora totalmente las bondades del juego asociado. El es solo un individualista del espectáculo, desconoce elementos básicos del juego como los pases, la marca, el gol. No obstante la ficción resulta en ocasiones ser más benévola que la realidad.


Lo que acaban de leer es una reseña del libro “El Fantasista” escrito por Hernán Rivera Letelier en el 2006 y publicado en Argentina en marzo del 2007. Incurren en error aquellos que quieran ver algún punto de contacto con los acontecimientos vividos por nuestro elenco nacional el día de hoy.