1 oct. 2011

Divorcio en Buda - Sándor Márai


El pasado jueves al mediodía un terrible hecho de sangre conmocionó la ciudad donde vivo. Un hombre común, como tantos, de los que a diario saludamos cuando vamos a buscar a nuestros hijos a la salida de la escuela, eligió ese momento y lugar para ultimar a su mujer, de la que recientemente se había separado. Por qué? que extraños pensamientos dominaron su conciencia? que lo motivó a acabar con la vida de esa mujer a la que seguramente amó, y en ese mismo acto desbarrancar la suya propia y la de sus hijos? ¿que infierno anido en su cabeza? Convencido de que las respuestas a una realidad desbordante, puede a veces encontrarse en las buenas ficciones, me permito reseñar Divorcio en Buda, del húngaro Sándor Márai.
Ambientada en la Buda-Pest de entreguerras, la primera mitad de la novela nos presenta a un joven e intachable juez que al día siguiente deberá dictar sentencia en un juicio de divorcio, cuyas partes son viejos, aunque lejanos conocidos suyos. Apenas recuerda al hombre que fue su compañero de escuela, pero aún tiene muy presente a la mujer, con la que compartió algunas conversaciones y tertulias en su adolescencia. Esas circunstancias, lejos están de variar en algo su imparcialidad y objetividad, pues tiene muy en claro el papel que le ha sido confiado: es juez, es ni más ni menos que el reservorio de los valores de una sociedad y de un estilo de vida en los que ha sido formado y a los que ha jurado defender.
Esa noche, al regresar a su casa despues de un paseo con su mujer, está esperandolo aquel compañero de primaria para hecerle una cruel confesión: ante la inminencia del divorcio, ha asesinado a quién fuera su esposa.
"Anna no puede escapar de mí. Esta intranquila porque siente que algo le ocurre, que ya no es ella la que toma las decisiones, que ya no es ella la que elige, que está bajo la influencia de fuerzas desconocidas, que me tiene que aceptar. Es más: no basta con que me acepte; debe entregarse por completo, aunque no quiera; no tiene escapatoria, yo no me conformo con cualquier cosa. Mis condiciones rozan la crueldad. No me sirve una entrega a medias, una entrega fingida; llevo a cabo una conquista total, por que en la vida del individuo esas batallas son similares a las de las grandes guerras de la humanidad: no sólo quiero obtener mi presa, sino que exijo una entrega absoluta, lo quiero todo, quiero poseer todos sus recuerdos, hasta los que el tiempo a borrado; quiero conocer todos sus pensamientos, sus secretos, el contenido de sus primeros deseos...¿Te asustas? ¿es demasiado? ¿Es suficiente?...Sí, ella también se asustó."
Durante el transcurso de esa noche, el juez será testigo de esa confesión, en donde el asesino relatara la historia de sus ocho años de matrimonio, pero a la vez también ocupará el banquillo de los acusados, junto a la sociedad y los valores que representa.
"Tuve que abandonarla, tuve que dejarla a solas con su destino. Tarde o temprano nos vemos obligados a abandonar a todo el mundo a su suerte. No hay cosa más difícil en este mundo que ayudar a alguien. Ves únicamente que una persona que quieres o que es importante para ti se dirige a un precipicio, que actúa en contra de sus intereses, que se vuelve loca o triste, que se atormenta, que no puede más, que esta a punto de caerse..., y tú corres hacia ella, te gustaría ayudarla y de golpe te das cuenta de que no es posible. ¿Acaso eres débil? ¿No sirves para ello? ¿No eres lo bastante bueno, lo bastante sincero, lo bastante abnegado, apasionado y humilde? Claro, nunca somos lo bastante...Pero aunque fueras un profeta con poderes sobrenaturales y hablaras el idioma de los apóstoles, tampoco bastaría...No se puede ayudar a nadie porque el "interés" de los hombres no es lo mismo que lo que es bueno o es lógico. Quizá necesitemos el dolor. Quizá necesitemos aquello que, según todos los síntomas, es contrario a nuestros intereses."