27 nov. 2011

Cita en el lago Maggiore - Antonio Dal Masetto



Había leído oscuramente fuerte es la vida, allá por el 95, semanas antes de recibirme y enfrentarme a la decisión de quedarme en Córdoba o volver a mi casa, con los míos. Recuerdo que su lectura, en ese momento de mi vida, influyó de manera determinante en aquella decisión que, por qué negarlo, marcaría mi futuro y mi destino.
En esa ficción, Agata, recuerda su vida en Tarni (Intra en la realidad) un pueblito piamontés a orillas de uno de los lagos que comparten Italianos y Suizos, del que partió con un par de hijos años después de la guerra, en la búsqueda de un porvenir y un marido que los esperaban en la pampa Argenta.
Tiempo después, ya instalado en Villa María y con la marca imborrable de aquel libro en la cabeza, encontré casi de casualidad la tierra incomparable, continuación que cierra el círculo de Agata, cuando a poco de cumplir 80 años, regresa a visitar su Tarni natal y confronta sus recuerdos con una realidad que ha cambiado.
A partir de allí, me convertí en un seguidor del “tano” Dal Masetto y siempre estuve atento a sus lanzamientos y artículos en el página. Cuento esto como una manera de mensurar la expectativa con que me sumergí en la muy reciente Cita en el lago Maggiore, novela que termina por conformar junto a las otras dos, una trilogía casi autobiográfica del autor y su pertenencia a ese lugar, su pueblo de infancia.
El hijo de Agata es quien ahora regresa al pueblo del que partiera con su madre cuando solo tenía 12 años, ya lo había hecho en dos oportunidades anteriores, pero esta vez va acompañado de su joven hija que reside en España, situación que convierte ese retorno en una experiencia mucho más compleja y enriquecedora, en la que afloraran recuerdos y heridas de un pasado lleno de claroscuros.
“Habían ido al pueblo para que él le sirviera de guía, para llevarla de la mano, para enseñarle, para informarle, para que ella supiera de dónde habían venido los que la precedieron, para que a la historia de su vida se engarzara un eslabón nuevo y de ese modo hacerla más completa. Pero ahora el padre se preguntaba si en los días que vinieran no terminaría siendo ella la que guiara, la que lo llevara de la mano, la mediadora, la que le permitiera regresar y acceder al archivo de las cosas perdidas.”
El libro abre con una dedicatoria que siento, me incluye; dice: a todos los que volvieron buscando lo que ya no estaba. Y me incluye porque volví a leer esta historia, buscando algo de aquello que había encontrado en las anteriores, fundamentalmente en la primera. No tarde en darme cuenta de que semejante cosa era imposible.

13 nov. 2011

Que empiece la fiesta - Niccolò Ammaniti


Diarios de todo el mundo por estas horas, incluyen en sus ediciones complicadas y aburridas crónicas sobre la Italia Berlusconiana, algunas haciendo hincapié en la figura personal del renunciante, otras deteniéndose mayormente en lo político y social pero ninguna, créanmelo, llegará a aportarles una visión tan real y precisa, como la lectura de Que empiece la fiesta.
Son dos los protagonistas que alternativamente llevan adelante la novela: Fabrizio Ciba, joven y egocéntrico escritor cuyos trabajos le han otorgado un aura de celebridad y reconocimiento, que despliega muy a gusto en los circuitos sociales más selectos de Roma, a los que concurre asiduamente para libar halagos y minitas, aunque luciendo siempre su atuendo de intelectual crítico y progre, con detalles de ironía al tono. (No seáis mal pensados, no es Caparròs)
Saverio Moneta alias Mantos, un humillado empleado en la fábrica de muebles de su suegro, líder de la decadente secta “las bestias de Abadón” cuya sangría de adeptos (solo quedan cuatro) los ha puesto al borde de la disolución, evitable en tanto y en cuanto sean capaces de ejecutar un gran golpe de efecto, que los posicione entre los más despiadados y crueles en los foros de “diabólicos” de la web.
Ambos protagonistas coincidirán, por relatadas circunstancias, en lo que promete ser la mayor fiesta de todos los tiempos, que ofrecerá el poderosísimo e impredecible empresario Sasà Chiatti, en el mayor parque público de Roma, la Villa Ada, del que se ha adueñado para convertirlo en una especie de zoológico personal con el objeto de incluir en la celebración tres alternativas de caza mayor. (No seáis mal pensados, no es Berlusconi). Dos dìas durarà la fiesta, en la que pasarà de todo y como en la realidad, tampoco terminarà bien. 
Ya hace un par de años que comentè mi deleite por los libros de Ammaniti, al punto que soy uno de sus tifosi y aunque en esta novela se corre un poquito de sus anteriores registros, apelando a un humor más absurdo y delirante, la foto que narra de la Italia actual, se parece mucho a la “pizza y champan” menemista y en el retrato de esa fauna de personajes que a diario anidan las pantallas de tv (futbolistas, políticos, periodistas, actores, etc.) el autor no deja títere con cabeza.
Más que empezar, parece ser que la fiesta término para Il Cavalieri y a SuperMario, le quedo la ingrata tarea de hacerse cargo de la limpieza del salón, suerte que tiene su mameluco azul. Por supuesto, serán los que no fueron participados ni siquiera al brindis, los que deberán pagar la cuenta y los platos rotos. Nada que no nos haya pasado.

1 oct. 2011

Divorcio en Buda - Sándor Márai


El pasado jueves al mediodía un terrible hecho de sangre conmocionó la ciudad donde vivo. Un hombre común, como tantos, de los que a diario saludamos cuando vamos a buscar a nuestros hijos a la salida de la escuela, eligió ese momento y lugar para ultimar a su mujer, de la que recientemente se había separado. Por qué? que extraños pensamientos dominaron su conciencia? que lo motivó a acabar con la vida de esa mujer a la que seguramente amó, y en ese mismo acto desbarrancar la suya propia y la de sus hijos? ¿que infierno anido en su cabeza? Convencido de que las respuestas a una realidad desbordante, puede a veces encontrarse en las buenas ficciones, me permito reseñar Divorcio en Buda, del húngaro Sándor Márai.
Ambientada en la Buda-Pest de entreguerras, la primera mitad de la novela nos presenta a un joven e intachable juez que al día siguiente deberá dictar sentencia en un juicio de divorcio, cuyas partes son viejos, aunque lejanos conocidos suyos. Apenas recuerda al hombre que fue su compañero de escuela, pero aún tiene muy presente a la mujer, con la que compartió algunas conversaciones y tertulias en su adolescencia. Esas circunstancias, lejos están de variar en algo su imparcialidad y objetividad, pues tiene muy en claro el papel que le ha sido confiado: es juez, es ni más ni menos que el reservorio de los valores de una sociedad y de un estilo de vida en los que ha sido formado y a los que ha jurado defender.
Esa noche, al regresar a su casa despues de un paseo con su mujer, está esperandolo aquel compañero de primaria para hecerle una cruel confesión: ante la inminencia del divorcio, ha asesinado a quién fuera su esposa.
"Anna no puede escapar de mí. Esta intranquila porque siente que algo le ocurre, que ya no es ella la que toma las decisiones, que ya no es ella la que elige, que está bajo la influencia de fuerzas desconocidas, que me tiene que aceptar. Es más: no basta con que me acepte; debe entregarse por completo, aunque no quiera; no tiene escapatoria, yo no me conformo con cualquier cosa. Mis condiciones rozan la crueldad. No me sirve una entrega a medias, una entrega fingida; llevo a cabo una conquista total, por que en la vida del individuo esas batallas son similares a las de las grandes guerras de la humanidad: no sólo quiero obtener mi presa, sino que exijo una entrega absoluta, lo quiero todo, quiero poseer todos sus recuerdos, hasta los que el tiempo a borrado; quiero conocer todos sus pensamientos, sus secretos, el contenido de sus primeros deseos...¿Te asustas? ¿es demasiado? ¿Es suficiente?...Sí, ella también se asustó."
Durante el transcurso de esa noche, el juez será testigo de esa confesión, en donde el asesino relatara la historia de sus ocho años de matrimonio, pero a la vez también ocupará el banquillo de los acusados, junto a la sociedad y los valores que representa.
"Tuve que abandonarla, tuve que dejarla a solas con su destino. Tarde o temprano nos vemos obligados a abandonar a todo el mundo a su suerte. No hay cosa más difícil en este mundo que ayudar a alguien. Ves únicamente que una persona que quieres o que es importante para ti se dirige a un precipicio, que actúa en contra de sus intereses, que se vuelve loca o triste, que se atormenta, que no puede más, que esta a punto de caerse..., y tú corres hacia ella, te gustaría ayudarla y de golpe te das cuenta de que no es posible. ¿Acaso eres débil? ¿No sirves para ello? ¿No eres lo bastante bueno, lo bastante sincero, lo bastante abnegado, apasionado y humilde? Claro, nunca somos lo bastante...Pero aunque fueras un profeta con poderes sobrenaturales y hablaras el idioma de los apóstoles, tampoco bastaría...No se puede ayudar a nadie porque el "interés" de los hombres no es lo mismo que lo que es bueno o es lógico. Quizá necesitemos el dolor. Quizá necesitemos aquello que, según todos los síntomas, es contrario a nuestros intereses."

14 ago. 2011

Papeles en el viento - Eduardo Sacheri




Leí este libro en condiciones y contextos deplorables, aprovechando al máximo los fragmentos de tiempo que la actividad laboral, social y paterna me lo permitieron, durante este personalmente caótico inicio de agosto. Ni las feroces pendencias de mis niños por infinitas nimiedades, ni las indirectas de mi mujer y su marido “ausente”, ni siquiera el cansancio físico de largas jornadas, pudieron hacer mella en mi determinación de lector, induciéndome a la búsqueda de insospechados momentos y lugares donde ejercer el hábito de la lectura. El merito único y absoluto de tal obstinación, en este caso corresponde a Eduardo Sacheri, autor de la magnífica Papeles en el viento.
La novela comienza con el entierro del Mono Raguzzi, un fanático hincha de Independiente, cuyo paso por la vida dejó entre otras pasiones, una pequeña hija fruto de un fugaz matrimonio; un capital de 300.000 dólares invertidos en la compra de un jugador de fútbol “con futuro”, fruto de una indemnización laboral y tres disímiles amigos (uno de ellos su hermano mayor), fruto de una afectuosa y sincera relación que se remonta a los tiernos años de infancia en el barrio de Castelar.
Fernando, el Ruso y Mauricio se juran recuperar aquella inversión con el fin de asegurar el futuro de la huérfana, tarea nada fácil si tenemos en cuenta que el goleador “con futuro” devino en un patadura que prodiga sus escasísimas virtudes futbolísticas en un ignoto equipo Santiagueño, rival de nuestro Alumni en el Argentino A. Las muy diferentes personalidades de los tres protagonistas harán que la relación entre ellos se ponga a prueba ante cada intento fallido de “colocar” al matungo, situación que es aprovechada para reflexionar sobre los más diversos temas que van desde los espirituales, como el valor de la fe o la propia existencia de Dios hasta otros mas mundanos y terrenales, como la mejor táctica para jugar en la Play o el “negocio” de cierto periodismo deportivo; todos ellos encarados, no desde una óptica intelectual o ensayística, sino con el simple encanto y humor de esa filosofía barrial que inunda los tablones cada fin de semana en las incontables canchas de nuestro país. Y es en esos diálogos fontanarrosescos, donde se asienta buena parte de la belleza de esta novela, que tiene la virtud de hacer pedazos un clima de creciente emoción con una salida ocurrente y en una línea transformar esa rebuscada lágrima en carcajada.

Quienes aprecien las buenas historias y el fútbol, en ese orden, sin dudas disfrutarán tanto como yo de este libro, y al finalizarlo probablemente también empardarán la sensación del Mono Raguzzi en la tribuna cada vez que termina su equipo victorioso, y ese mero hecho, como un partido o un libro, tiene el poder por si solo de alinear los planetas, y ponernos en paz con el mundo y es solo entonces cuando podemos reparar en la sutil belleza de unos simples papeles en el viento.

25 jun. 2011

El breve reinado de Pipino IV - John Steinbeck



El domingo próximo tendrán lugar en mi ciudad las elecciones municipales. Diez candidatos, más de la mitad de ellos impresentables, se someterán al juicio inapelable de la opinion pública. En un año electoral como el presente, lo ordinario de la situación no debería sorprender, excepto que este distrito en particular guarda una similitud sorprendente con lo que acontece a nivel nacional, razón que nos induce a pensar que este escenario es un ensayo, una especie de maqueta, de aquel otro más complejo e importante, que es la elección presidencial de octubre.
Aquí, uno de los integrantes del matrimonio que conserva el poder desde hace varios períodos intentará la reelección; hasta último momento su candidatura se mantuvo en la total incertidumbre y no hace falta haber hecho un curso en el Jockey Club para arriesgar que lleva varios cuerpos de ventaja sobre sus contrincantes, quienes después de amagar en la conformación de un frente terminaron aferrados al ego de pequeñas candidaturas, delegando su verdadero rol de oposición en manos de algunos medios de comunicación.
En este esquema, resulta interesante la lectura de El breve reinado de Pipino IV, sátira escrita en 1957 por el Nobel californiano John Steinbeck.
La novela narra en un tono mordaz e irónico, las vicisitudes por las que atraviesa un tranquilo aficionado a la astronomía, cuyo lejano pasado aristocrático lo convierten en el candidato ideal para restaurar la monarquía en una conflictuada Francia de fines del siglo XX.
"Las grandes decisiones políticas surgen a menudo por causas nimias e incluso frívolas. Bien entrada la segunda semana, los líderes de los principales partidos políticos se encontraron con que sus voces, que habían ido pasando sucesivamente de altas a graves y luego a roncas, habían finalmente desaparecido por completo. Fue entonces cuando el compacto grupo de líderes de los Monárquicos pasó a la ofensiva. No habiendo tenido esperanzas de ser incluidos en ningún gobierno, se habían abstenido de hacer discursos, por lo que conservaban sus voces. Tras la confusión de ocho días de debates, la calma que mantenían los Monárquicos resultaba, en contraste, explosiva."
Aunque no del todo convencido, el apacible Pipino acepta el convite y es ungido rey, no por mayoría sino por descarte, acometiendo la tarea de gobierno con la mejor buena voluntad de que dispone. Rápidamente caerá en la cuenta de que esta siendo fagositado por un sistema perverso cuyo único objetivo es perpetuarse a sí mismo.

"¿qué opinas de la idea de que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente?
-El poder no corrompe -dijo el rey-. El miedo es lo que corrompe, o acaso el miedo a perder poder.
-¿Pero no es el propio poder el que crea en otros hombres el impulso que causa miedo a quien ostenta el poder? ¿Puede el poder existir sin el miedo primordial que provoca la corrupción? ¿Puede haber lo uno sin lo otro?"
No hace falta fruncir el ceño para hablar de política, Steinbeck nos desmuestra que la verdad  puede decirse sonriendo, basta con un poco de imaginación, la gran ausente en esta campaña electoral que acaba de finalizar. Imaginación muchachos, eso es lo que no hay. Candidatos sobran.
"Y mientras tanto, Francia disfrutaba de tal paz y prosperidad y bienestar…estaba en la cima de la buena suerte. Siendo esto así, como se explica la nubecilla que se dejó ver sobre el horizonte a mediados de septiembre, que fue creciendo y oscureciéndose durante las primeras semanas de octubre y que pareció llenarse de tormentosas nubes negras al aproximarse noviembre?
Es una tendencia humana desconfiar de la buena fortuna. En los malos tiempos estamos demasiado ocupados protegiéndonos. Para eso estamos preparados. Lo único contra lo que nuestra especie no sabe oponerse es contra la buena fortuna. Primero nos sorprende, luego nos asusta, después nos encoleriza y finalmente nos destruye."

16 may. 2011

¿Acaso no matan a los caballos? - Horace McCoy

"Me puse en pie. Por un instante vi nuevamente a Gloria sentada en aquel banco del muelle. El proyectil le había penetrado por un lado de la cabeza; ni siquiera manaba sangre de la herida. El fogonazo de la pistola iluminaba todavía su rostro…El fiscal se equivocó cuando dijo al jurado que había muerto sufriendo, desvalida, sin amigos, sola salvo por la compañía de su brutal asesino…Estaba muy equivocado. No sufrió. Estaba completamente relajada y tranquila y sonreía. Era la primera vez que la veía sonreír. ¿Cómo podía decir pues el fiscal que sufrió? Y no es verdad que careciera de amigos. Yo era su mejor amigo. Era su único amigo."
Momentos antes de que el jurado del estado de California dictamine la sentencia a muerte del único imputado por el asesinato de la joven; Robert, el acusado y narrador de este espectacular libro escrito en 1935, repasa los acontecimientos que lo llevaron a tan delicada situación. Poco tiempo atrás había conocido a Gloria, cuando ambos fueron rechazados como extras en una producción de cine. Ella venia en falsa escuadra, al borde del fangal como diría el filosofo, huyendo primero de la casa de un tío abusador y luego de un sirio que amago prostituirla, con intentos de suicidio y cárcel mechando su currículo. Ambos se encuentran sin laburo y necesitan imperiosamente la moneda que promete un concurso de baile y a instancias de ella se inscriben.
"Comenzaron el concurso de resistencia de baile ciento cuarenta y cuatro parejas, pero sesenta y cuatro abandonaron ya durante la primera semana. El reglamento exigía bailar una hora y cincuenta minutos sin interrupción seguida de un descanso de diez minutos, y durante aquel intervalo se podía incluso dormir. Pero aquellos diez minutos debían servir también para afeitarse, ducharse, curarse los pies, o realizar cualquier otra necesidad."
Con el transcurrir de los días, el cansancio se acumula y los organizadores, ávidos por aumentar el volumen de espectadores, comienzan a incluir mayores desafíos a los participantes, quienes inducidos por acuciantes necesidades personales se sumergen en feroz lucha, caldo de cultivo que fermentará lo peor de cada uno. A medida que las parejas se caen y aparecen las apuestas, las restantes se ven levemente beneficiadas ante la aparición de algún sponsor que les aportará algún minúsculo rédito económico, aunque el goce de tales beneficios se cotice en una minuta de bajezas y traiciones. Suerte que existen espíritus que no las soportan, aunque les vaya la vida en eso.
Sydney Pollack llevó al cine este libro en 1969, bajo el título de Danzad, danzad, malditos transformándose hasta el día de hoy en el film que más nominaciones al Oscar recibió (9 en total) sin que entre ellas estuviese el de mejor película. Es comprensible, a nadie le gusta mirarse al espejo mientras se viste de estúpido.

8 may. 2011

Purga - Sofi Oksanen



En la pasada feria del libro de Frankfurt tres reconocidísimas editoriales se disputaron, como pollos un pedazo de tripa, los derechos para publicar en el mundo hispanohablante esta novela de la joven finlandesa de madre estonia, Sofi Oksanen. Tanta riña venía justificada por merito propio de la obra, que ganó los dos premios literarios más importantes de su país y también el de mejor novela europea del año, amén de un apoyo casi masivo del público y la crítica del viejo mundo. Ignoraba yo todos estos datos cuando le entré, sin demasiadas expectativas, el helado domingo inicial de mayo después de apertrechar mi espíritu con un flamígero locro escolar.

El centro físico de la novela se sitúa en un pueblito rural de Estonia, en el principio de los noventa cuando el país se independizaba de la Unión Soviética. Para quienes guarden alguna duda geográfica, diremos que Estonia esta debajo de Finlandia, con el Báltico de por medio y su población, por historia y origen, mantiene profundos lazos con los países nórdicos y Alemania; de echo, gran parte de sus ciudadanos durante la II guerra lucharon en las fuerzas del eje. Terminada la contienda, y ya formando parte de la URSS, Stalin deportó a Siberia al 30 % de su población, sustituyéndola por un número similar de rusos.

Allide, una viejita que vive sola en las afueras, ha pasado por toda esa experiencia que le ha dejado profundas heridas. Su difunto marido era ruso y otrora fue un poderoso miembro del partido; ahora que los vientos han cambiado, ella sufre el escarnio de sus vecinos y teme una trampa cuando aparece en su patio una joven terriblemente golpeada solicitándole ayuda. Zara, aunque nacida en la lejana Vladivostok, es hija y nieta de estonianos, y llega hasta allí huyendo de una red de tratantes que la ha obligado a prostituirse en la soñada y capitalista Berlín, a la que emigró asqueada de la opresión política y económica de la Rusia siberiana. No por casualidad la joven Zara eligió la casa de Allide para pedir ayuda, hay una historia que las une y a su vez las separa. Una historia de traiciones, de abusos sexuales, de miedo y de lazos familiares que se irán dilucidando capítulo a capítulo, yendo y viniendo a través de los 60 años de la historia de un país, marcada a fuego en la psiquis y el cuerpo de sus protagonistas.

Desde las primeras páginas la autora nos clava una duda que nos hará continuar sin pausa hasta el final en busca de develarla, llegado a este punto, comprenderemos que lo substancial estaba en el trayecto, atravesado por el lacerante hilo de la violencia de género, del que tiran tanto el colectivismo estatal como el individualismo del mercado, marcando claramente que la misma no es privativa de algún modelo político-social, sino que por el contrario, es el denominador común en ambos. El título tambien hace referencia a esta dicotomía en donde lo colectivo y lo individual se entrelazan: la "limpieza" etnica encarada por el stalinismo tiene su contracara en aquella, individual y privada, a la que aspira toda mujer que ha sido abusada.

21 abr. 2011

El manicomio - Fernando Ceballos




El personaje mas popular del barrio de la “calle onda” donde me crié, era el Luisito. Lo recuerdo con un jean trocado en bermuda como única vestimenta y una sonrisa perenne y pícara que atravesaba su afable rostro de enajenado mental. Solíamos verlo en las siestas en plena calle, manteniendo interminables duelos con cowboys imaginarios, arrojándose al piso cuando alguna “bala” lo alcanzaba, haciendo que no pocas veces, algún conductor foráneo detuviera su marcha para intentar socorrerlo, situación que aprovechaba para manguear algún pucho. El Luisito fue mi primer desaparecido. Y no fue un Falcon el que lo chupó, fue una ambulancia.
Quizás Fernando Ceballos se haya topado alguna vez con él, en su paso como enfermero de la Colonia Vidal Abal de Oliva, labor que extendió en varias instituciones psiquiátricas de nuestra y otras provincias. Esa experiencia le brotó en palabras y como él mismo afirma, más allá de plantear el problema de la exclusión de la locura, la intención de su libro es la discusión sobre las técnicas, los saberes y los procedimientos disciplinadores del encierro manicomial que sustentan, la esencia de su trabajo con el sufrimiento mental.
Ajustado en formato de crónicas, las mismas están escritas desde el conocimiento diario de una práctica que se analiza y sobre la cual se reflexiona; reflexión que surge no ya desde el saber institucionalizado y normalizador, sino desde la experiencia y el saber popular. El autor toma la palabra para dar cuenta y darse cuenta, para romper la lógica subjetiva del manicomio, que traspasa la institución y se apoya en el conjunto de la sociedad, a través de las prácticas e ideologías que excluyen, esconden y condenan al que no encaja, al distinto. Este mecanismo de antropofagia social, es diseccionado en todo su espesor, incluyendo numerosas citas de otros autores, que a manera de expansores y fórceps, permiten llegar hasta el hueso, allí donde el dolor se aloja. No es culpa de Ceballos si las imágenes que transmite cargan con la crudeza de una realidad que se debate en ese contexto.
El escribir es un acto, tal vez solitario, pero que tiene la impronta colectiva del compartir. Escribir se construye como cicatriz de la experiencia, y como potencia que impulsa a las palabras a ir más allá de sí, de lo que nombran, de lo que inventan. Es darle la palabra a esa persona que sufre para devolverle la categoría de ser humano, y así despojarnos de poderes que someten, discursos que silencian y prácticas que disciplinan.
La reciente reedición de este trabajo, ahora dentro de la colección “debates” de la editorial universitaria villamariense (Eduvim) aporta como novedad, además del atinado cambio de tapa, el agregado de un par de crónicas, el reacomodamiento de otras y la socialización del intercambio de información vía mail, que entre el autor y una lectora, le permitiera a esta última rearmar parte de una historia familiar negada durante años.
Hay ocasiones en que obstinadamente, un minúsculo granito de arena se aloja en la batiente trayectoria de la puerta y no permite que esta se cierre con facilidad. Desde allí abajo, imperceptible y tozudamente, raspa. Este libro lleva ese espíritu. Ciento y algún páginas que poseen el valor de un pañuelo blanco en la cabeza.

24 mar. 2011

Un artista del mundo flotante - Kazuo Ishiguro



Recuerdo que me tope con este libro, en el departamento de una compañera, al que llegue con el objetivo de preparar un parcial, en mis épocas de estudiante universitario. Como según su dueña, el libro era un regalo, se negó a prestármelo temerosa de que nunca lo devolviese, conminándome a que lo leyera allí mismo, sin importarle cuanto tiempo me demoraba en la tarea. No recuerdo, créanmelo, el nombre de aquella compañera, a la que deje de ver hace años, ni la materia que preparábamos, pero nunca olvide al artista del mundo flotante.
La novela narra en primera persona, las reflexiones de  un reconocido pintor ya jubilado, en el Japón arrasado de los primeros tiempos de posguerra. El par de años que demandan las negociaciones y posterior matrimonio de su hija menor, es el tiempo del cual se vale el anciano Masuji Ono para conformarnos un retrato de su carrera artística y de su época; Asistimos a sus comienzos de aprendizaje en el taller de su antiguo maestro Senji Moriyama y la influencia de la tradición pictórica que este representaba:
“Durante todos aquellos años seguimos su mismo estilo de vida y asimilamos sus valores, lo cual suponía pasar mucho tiempo explorando el “mundo flotante” de la ciudad o, lo que es lo mismo, el mundo nocturno del placer, el ocio y la embriaguez que constituía de hecho el fondo de todos nuestros cuadros.”
Ese estilo superficial y vacío, contrasta con la realidad y el espíritu de compromiso social que persiguen los nuevos vientos del Japón Imperial, al que no tardará en sumarse Ono, rompiendo lealtades con su mentor y convirtiéndose rápidamente en uno de los más destacados representantes de las flamantes tendencias.
“En épocas como esta en que la gente es cada día más pobre y los niños que vemos por la calle están cada día más enfermos y hambrientos, lo último que debe hacer un artista es encerrarse a pintar cuadros de prostitutas.”
Ese compromiso militante, con el resultado puesto de la derrota, es mal visto por las nuevas generaciones, influenciadas por el occidentalismo norteamericano triunfante y amenaza con condenar a su hija a la soltería eterna, pues sospecha que  ningún pretendiente quiere quedar pegado a ese pasado familiar. Esta situación llevará al protagonista a saldar viejas deudas con sus antiguos colegas y discípulos, a los que visita, para hacerse cargo de errores cometidos, pero con la satisfacción de haber dado todo por una causa que consideraba justa, reconciliándose así con su pasado y con ese futuro cada vez más ajeno y distinto. Una novela y un personaje sobretodo, que admite múltiples interpretaciones y que puede ubicarse desde ambos lados del espectro político, pero que sin dudas nos hará reflexionar acerca del valor del compromiso social, término que vuelve a conjugarse cada vez más asiduamente entre nuestros jóvenes y que, no casualmente, termina con una frase que juzgo oportuno transcribir un día como el de hoy:


“Parece que, a pesar de los errores cometidos, nuestro país puede todavía enmendar su destino. A estos jóvenes, por lo tanto, no nos queda más que desearles lo mejor.”




12 mar. 2011

Aráoz y la verdad - Eduardo Sacheri




Esperaba el reciente feriado de carnaval con especial interés, no por el espíritu festivo y carnestolendo que era de esperar tiñese el fin de semana largo, sino para descansar de un comienzo de marzo agitado al ritmo que impone la venta del texto escolar. Afecto al fútbol y en ese plan, me dispuse a ver por tv un entretenido Barcelona-Arsenal, encuentro que sobre el final “monto en escena” esta jugada, que aunque con un final distinto, es la misma que estructura y da inicio a Aráoz y la verdad, libro que leí hace un par de años, cuando su autor todavía no gozaba de la popularidad que añade un Oscar, conseguida a partir de la versión fílmica de La pregunta de sus ojos, su primer novela.
Aráoz, el protagonista, sufre un quiebre en su vida cuando su mujer lo abandona. Tirado en la cama, recuerda un hecho que marcó su infancia: un partido definitivo, un despeje largo faltando cinco minutos, la defensa del Deportivo Wilde mal parada y el delantero del equipo rival que agarra la pelota y se va solito para el arco; el único que puede alcanzarlo es el nº 5, Perlassi, su ídolo, que lo corre de atrás:
"Es natural que Perlassi no se arroje al piso para quitar el balón desde atrás, por que si falla perderá un tiempo precioso y el Tanque saldrá definitivamente de su alcance. Pero si esa opción no puede contemplarse…¿Qué espera para hacharle las pantorrillas?...El arquero acaba de dar un par de pasos hacia el Tanque con la intención de achicarle el ángulo de tiro. El Tanque adelanta el balón por última vez, para alejarlo un poco de su botín derecho y permitirle a su pierna el mejor recorrido para el disparo. Perlassi atrás. Todavía atrás. Definitivamente atrás."
Mascherano, para regocijo de la afición culeé, hizo caso omiso al libreto de Sacheri y le robó la pelota al delantero inglés, pero en la ficción los hinchas del Wilde no tuvieron tanta suerte. Aráoz, tres décadas después de aquella “catástrofe” decide viajar a un pueblito perdido en la pampa, para encontrar al ídolo y preguntarle por que dejo seguir al 9: “Lo que me importa es saber lo que pasó con Perlassi. La verdad. Eso quiero saber. La verdad.”
Seis días deberá permanecer el protagonista en ese pueblito para encontrar lo que fue a buscar, esa verdad dolorosa que hunde sus raíces en la infancia, pero que puede redimirlo de sus más profundas derrotas.
Seis capítulos deberá desandar el lector para entender que existen tantas verdades como interpretaciones posibles, aunque se sepa que solo prevalece aquella que consigue el poder necesario para imponerse.

12 feb. 2011

La pieza del fondo - Eugenia Almeida



La pieza del fondo, es la segunda novela que publica esta escritora y docente cordobesa, nacida a principios de la década del 70, que sorprendió a propios y extraños con el primero de sus trabajos, la premiada El colectivo, una de mis preferidas a la hora de atender el pedido de “alguna novela sobre la dictadura” que anualmente renuevan las docentes de literatura. En esta oportunidad, la autora redobla la apuesta bajo el mismo recurso de interrumpir, sorpresiva y enigmáticamente una rutina, detonando de esta manera sencilla y efectiva, la trama de una novela distinguida.
Un hombre mayor que no puede valerse totalmente por sus propios medios, se halla “abandonado” en el banco de una plaza, en el que pasa abstraído, la mayor parte del día. Solo ha reparado en él, Sofía, la joven y explotada moza de un bar aledaño, que suele llevarle comida a escondidas y sentarse a su lado a charlar después del trabajo, aunque solo sea ella la que hable. El rito se perturba cuando el viejito desaparece, dando lugar a la presentación de una galería de disímiles personajes, quienes a su turno se van pasando el protagonismo unos a otros, como en una carrera de postas; Frías, un isleño viudo devenido en policía; el Director de una colonia Psiquiátrica; la Dra. recién llegada a la colonia, dueña a su pesar de una infancia convertida en triste leyenda; la hermana amputada de Sofía y algún empleado de sanidad con futuro de tragedia filiar. Todos ellos van urdiendo a partir de sus diálogos una historia única y radial, nacida a partir de aquella ausencia, como si después de haber trazado el círculo retiramos el compás, y solo queda la marca en el centro como evocación de una presencia que resultó determinante y sobre la que pivotean los personajes del libro, girando siempre alrededor de ese viejo ausente y anónimo, que también es el prójimo, el otro. Y es esta la temática que atraviesa todo el libro: de que manera nos relacionamos y que somos capaces de hacer por el otro, el desconocido, ese que espera al lado nuestro en una cola, el empleado que nos atiende en un organismo público o el que esta en la calle estirando la mano.
“Los otros, los que están siempre, ésos presentan batallas feroces. Después están las otras, las invisibles. Si ese hombre que pasa por la calle podría quererte. Si esa vieja que cruza la esquina podría arroparte como a una hija…En esas batallas viene todo el agobio de lo vivido, de lo tragado, las piedras que uno debió cargar. Batallas nuevas que no toleran estar ya definidas. Esas son las que valen. Las que permiten saber si alguien puede ser capaz de amarte. Los padres, los hijos, los hermanos, ésos ya aman u odian desde siempre. La verdad está en los otros.”
Respaldada en largos diálogos, estos parecen ser quienes soporten el peso de la novela, a partir del uso que cada personaje hace del lenguaje, dejando al narrador la palabra exacta y pulida, que se desgrana en frases cortas y despojadas, difuminando a veces los bordes entre prosa y poesía.
Un libro exquisito, de esos que empiezan, cuando uno los termina.

29 ene. 2011

Abundancia - Mory Ponsowy



“la tercera es la vencida” habrá pensado Mory Ponsowy antes de enviar su fogueada novela (había sido finalista del premio Clarín 2009 y la otra orilla 2010) al concurso Letra Sur 2010 y a semejanza de lo que casi siempre ocurría en aquellas batallas libradas por los legionarios del ejército romano, la carga del tercer ataque fue definitiva, y victoriosa.
Abundancia, tal el título de la novela referida, debería llamarse escasez si nos centrásemos en la voluntad y autoestima de la protagonista, quien posee en niveles por debajo de lo recomendable la segunda y necesita sniffarse un par de rayas para mover la aguja de la primera. Vive en un departamentito de soltera, tiene un fitito y un laburo inventando frases que asocian cualidades a productos que no las tienen, en una agencia de publicidad. Esta leyendo a Sapolsky, un barbudo de esos que aparecen en los documentales de NatGeo, que después de tantos años de convivir con los monos y estudiar sus conductas, llegó a la misma conclusión que mi maestro de taller en el industrial ya sabia: “el que nace para pito, nunca llega a ser corneta”; situación que la protagonista confirma diariamente al compararse con la bella, vital y productiva compañera de trabajo, que a todas luces a resultado favorecida en la combinación de genes y ambiente que señala el destino de cada uno de nosotros.
Tomar como certeza esta teoría, cuando uno sospecha que en la ecuación le ha tocado ser pito, convengámoslo, deprime a cualquiera. No se extrañe el lector entonces, si nuestra anti heroína se desliza por el tobogán de la flagelación física y anímica, hundiéndose más a cada paso, signada por esa recta trayectoria y algún que otro rengo hijodeputa.
Pero, quizá la falta de higiene personal durante tantos años, le chiflaron un poco el moño al barbudo de los monos y las cosas no sean tan determinantes, quizá le sea posible encontrar por motu propio, un tercer punto, ajeno a esa recta determinista, cuyo contacto permita trazar un arco, salirse del esquema, animarse a tocar otra música, aunque sea con un pito.
“Ese tercer punto es fundamental: marca la diferencia entre una línea recta y una línea de forma redondeada; entre puntos que avanzan estrictamente siempre en una misma dirección, y puntos que giran y dan vueltas en el plano, como si bailaran. Me gusta pensar que la diferencia que hay entre una línea recta y una curva es la misma que hay entre la monotonía y la sorpresa…En literatura, el concepto de arco es similar, aunque no tiene que ver con puntos y planos que se cortan, sino con trayectorias vitales: se habla de un arco para hacer referencia al camino seguido por aquellos personajes que, en algún momento de la historia, alcanzan una revelación. A diferencia de las vidas uniformes y lineales de casi todos los demás, las de ellos son impredecibles.”
Ya lo decían los romanos, el tercero, es el de la victoria.

22 ene. 2011

El autobús perdido - John Steinbeck


Hace un par de días un cliente amigo que partiría rumbo a Buzios en plan de vacaciones, se acercó hasta la librería en busca de algún libro, con la sana intención de que su lectura acortara los 3000 km. que debería recorrer en colectivo para llegar a destino.
Le recomendé el autobús perdido al que adjunté a modo de promoción un marcador, no de páginas como era de esperarse, sino al solvente. Más de 40 horas pegado al asiento reclinable, en soterrada lucha con un desconocido por ganar la exigua comodidad de un simple apoyabrazos, solo se compensa, créamelo, con la lectura de semejante libro.
Juan Chicoy , un mejicano trasplantado en California, regentea un parador en el cruce de una ruta local que une dos carreteras principales; Quienes quieran llegar a Hollywood o las playas mexicanas viniendo del este, deberán hacer escala allí y tomar el destartalado “Sweetheart” que conduce Juan, hasta enlazar la ruta final de destino en San Juan de la Cruz. Su esposa Alice, junto a una dependiente, atienden el drugstore y Pimples, un jovencito acomplejado por su acné, le ayuda en la estación de servicio y el taller.
Un heterogéneo pasaje ha coincidido esta vez a bordo del bus lechero, que deberá tomar una ruta aun más alternativa que la habitual, debido a la crecida de un caudaloso río que amenaza destruir dos viejos puentes que jalonan el trayecto. Hasta aquí, la sencilla y mínima trama de la novela, que pone el zoom en el carácter, la personalidad, los móviles y sentimientos de los diez discordantes pasajeros, entre quienes se cuenta el Sr. Pritchard:
“Era un hombre de negocios, presidente de una empresa de tamaño mediano…sus pensamientos e ideas no se veían nunca sometidos a la crítica, pues de forma deliberada se relacionaba sólo con aquellos que eran como él. Detestaba a los extranjeros y sus países porque en ellos era difícil encontrar a sus iguales… En las ocasionales fiestas exclusivamente para hombres en que unas chicas desnudas bailaban encima de las mesas, el aullaba y bebía vino, pero había otros quinientos señores Pritchard allí con él.”
Quién viaja a Méjico de vacaciones, junto a su hija y su esposa Bernice:
"Había aceptado la libido inicial de su marido, y luego, de manera gradual y por medio de una reticencia leve pero constante, la había primero moldeado, después controlado, y poco a poco estrangulado… no quería ir a Méjico. Solo quería ver de nuevo a sus amigas después de haber estado allí. Mildred si quería ir, pero no con sus padres. Quería conocer gente nueva y rara, y a través de dicho contacto volverse nueva y rara ella misma."
Completan el pasaje Horton, un ex combatiente que recorre el país vendiendo artículos de bromas; el odioso y agrio Van Brunt al que la parca ya le pico el boleto; Nora, la fea empleada del drugstore que, harta de bancarse la histeria de su patrona, quiere probar suerte en Hollywood y Camille Oaks:

"Esa chica emanaba una sexualidad muy poderosa. Era la clase de chica a la que todos miraban al pasar. Algo tenía, y no era el maquillaje ni la forma de caminar, aunque eso también influía algo…no había forma de conservar un empleo normal, en las oficinas se armaba un revuelo cuando la contrataban. Ahora tenía un chollete…se desnudaba en despedidas de soltero y fiestas para hombres."
Dale, subí que quedan asientos. Te aseguro que vas a recordar este viaje mientras vivas.

15 ene. 2011

La otra playa - Gustavo Nielsen


Gustavo Nielsen es arquitecto. También es escritor. Ejerce con singular éxito ambas profesiones. Siguiendo una línea de pensamiento determinista, podríamos inferir que sus novelas están bien “estructuradas” o bien, que sus edificios poseen “argumentos” interesantes. Puede que ambas cualidades sean verdaderas, aunque de seguro no por las causas mencionadas al principio.
Sin embargo, al leer la otra playa (premio Clarín 2010) resulta tentador buscar allí, conexiones entre ambas disciplinas, con el único afán de evitar reprimir en mi persona tentaciones inocuas, hastiado de hacerlo en las otras.
Por formación, los arquitectos son afectos a ir de lo general a lo particular, es decir, parten desde una idea general rectora, abarcativa y ordenadora, que luego va adquiriendo su forma definitiva con el agregado de matices y particularidades propias. Esta “idea” es algo más que el esqueleto de la novela, es su esencia.
Proclives al grafismo arquitectónico, podríamos dibujar la esencia de la otra playa con una especie de H: dos realidades o niveles paralelos y extemporáneos, se conectan en la piel de los protagonistas a través de lo irracional. Veamos.
Nivel 1: Antonio, fotógrafo cuarentón en crisis matrimonial, caminando por la peatonal se cruza con una joven desconocida que llama poderosamente su atención y a la cual comienza a fotografiar obsesivamente. El incidente, precipita el malestar familiar y Antonio se “retira” a pasar unos días en la casa costera de un amigo, presintiendo que en esa chica están las respuestas a las preguntas que agobian su existencia.
Nivel 2 (décadas después): Lorena, joven fotógrafa, años atrás perdió a su padre, de quien heredo la profesión, en un accidente automovilístico. Hace unos meses que está de novia con un escritor de novelas de terror, que la invita a pasar unos días en “aquella” casa junto a la playa.
Bueno, lo vais pescando, verdad. Promediando la novela comienzan a develarse las conexiones entre ambos niveles, dando paso a un juego en donde se mezclan los sueños y las apariciones, lo real y lo irracional, bajo el paraguas de Schopenhauer y su teoría de la fabricación de un fantasma:
"El ojo humano recibe imágenes debido a una mezcla de estímulos exteriores y convulsiones nerviosas internas. Pero también las puede recibir sin intervención de lo exterior. Por determinación de excitaciones interiores, el cerebro puede proyectar figuras en el espacio. Las figuras así formadas no serán fáciles de distinguir de las ocasionadas por los sentidos.”
Al final, la novela comparte algo de la esencia de este post: prometía una cosa y termino siendo otra.