12 mar. 2011

Aráoz y la verdad - Eduardo Sacheri




Esperaba el reciente feriado de carnaval con especial interés, no por el espíritu festivo y carnestolendo que era de esperar tiñese el fin de semana largo, sino para descansar de un comienzo de marzo agitado al ritmo que impone la venta del texto escolar. Afecto al fútbol y en ese plan, me dispuse a ver por tv un entretenido Barcelona-Arsenal, encuentro que sobre el final “monto en escena” esta jugada, que aunque con un final distinto, es la misma que estructura y da inicio a Aráoz y la verdad, libro que leí hace un par de años, cuando su autor todavía no gozaba de la popularidad que añade un Oscar, conseguida a partir de la versión fílmica de La pregunta de sus ojos, su primer novela.
Aráoz, el protagonista, sufre un quiebre en su vida cuando su mujer lo abandona. Tirado en la cama, recuerda un hecho que marcó su infancia: un partido definitivo, un despeje largo faltando cinco minutos, la defensa del Deportivo Wilde mal parada y el delantero del equipo rival que agarra la pelota y se va solito para el arco; el único que puede alcanzarlo es el nº 5, Perlassi, su ídolo, que lo corre de atrás:
"Es natural que Perlassi no se arroje al piso para quitar el balón desde atrás, por que si falla perderá un tiempo precioso y el Tanque saldrá definitivamente de su alcance. Pero si esa opción no puede contemplarse…¿Qué espera para hacharle las pantorrillas?...El arquero acaba de dar un par de pasos hacia el Tanque con la intención de achicarle el ángulo de tiro. El Tanque adelanta el balón por última vez, para alejarlo un poco de su botín derecho y permitirle a su pierna el mejor recorrido para el disparo. Perlassi atrás. Todavía atrás. Definitivamente atrás."
Mascherano, para regocijo de la afición culeé, hizo caso omiso al libreto de Sacheri y le robó la pelota al delantero inglés, pero en la ficción los hinchas del Wilde no tuvieron tanta suerte. Aráoz, tres décadas después de aquella “catástrofe” decide viajar a un pueblito perdido en la pampa, para encontrar al ídolo y preguntarle por que dejo seguir al 9: “Lo que me importa es saber lo que pasó con Perlassi. La verdad. Eso quiero saber. La verdad.”
Seis días deberá permanecer el protagonista en ese pueblito para encontrar lo que fue a buscar, esa verdad dolorosa que hunde sus raíces en la infancia, pero que puede redimirlo de sus más profundas derrotas.
Seis capítulos deberá desandar el lector para entender que existen tantas verdades como interpretaciones posibles, aunque se sepa que solo prevalece aquella que consigue el poder necesario para imponerse.

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