1 feb. 2010

Plataforma - Michel Houellebecq


"La gente desconfía de las personas que a partir de cierta edad se van solas de vacaciones; creen que son un poco egoístas y probablemente un poco viciosos; no puedo decir que se equivoquen."
La cita aparece en la primera página de Plataforma, un libro cuya temática aborda el sexo y las vacaciones de manera inteligente y brillante.
Michael, un empleado público cuarentón y soltero, recibe la herencia de su recientemente fallecido padre y decide patinarla cumpliendo el sueño de la gran mayoría: viajar a algún sitio exótico donde coexistan, en número regular, playas y putas.
Elije como primer destino Tailandia, lugar al que también partirá el lector, junto a un heterogéneo grupo de turistas, cuyas actitudes y posturas son descriptas y analizadas desde la mirada acida y apática del protagonista. El tipo no será un partenaire ideal como compañero de viaje, pero por lo menos la tiene clara:

“Seducir a una mujer que uno no conoce y coger con ella se ha convertido, sobre
todo, en una fuente de humillaciones y problemas. Cuando uno considera las
fastidiosas conversaciones que hay que soportar para llevarse a una tía a la
cama… se entiende que los hombres quieran ahorrarse problemas a cambio de una
pequeña suma.”

No obstante, conoce a Válerie, con la cual una vez retornados a sus respectivos hogares, vivirá un romance de imprevista intensidad, que los llevará a emprender, junto a un amigo de ella, el negocio del turismo sexual, que luego del éxito inicial, acabara en tragedia.
La novela, cuyas escenas de sexo son de las mejores que he leído, plantea que si antes la seducción era el mecanismo para establecer encuentros sexuales, el narcicismo y egoísmo de que hoy es objeto esa seducción, a dado paso a suplirla por el poder del dinero.
Como contraste aparece el amor autentico y absoluto de su relación con Válerie, oposición que se sustenta en el sentido de la entrega:
“Es imposible hacer el amor sin un cierto abandono, sin la aceptación, al menos
temporal, de un cierto estado de dependencia y de debilidad. La exaltación
sentimental y la obsesión sexual tienen el mismo origen, las dos proceden del
olvido parcial de uno mismo; no es un terreno en el que podamos realizarnos sin
perdernos.”

Párrafo aparte merecen algunas polémicas consideraciones que el autor expone sobre Cuba y la religión musulmana, situación que le imputó feroces críticas de los más variados sectores. Más allá de eso, leerla es un verdadero placer.

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