5 jun. 2010

Bullet Park - John Cheever

Por aquellos desglobalisados años en que los de mi generación cursábamos el secundario, hacia su tímida aparición en la currícula del Industrial, la materia Inglés. Llevada adelante por desangelados docentes, luego de tres años de duro machacar se daban por satisfechos si conseguían que repitamos la frase “this is a pen” y su variante “this is a ruler”, además del nombre ininglis de algunas herramientas. Entre las pocas que me acuerdo, figura el dúo Martillo y Clavo. Hammer and Nailles, precisamente, se apellidan los vecinos de una urbanización (léase Country) de clase media/alta en las afueras de Niuyorciti.

Los Nailles, fervorosos creyentes de la santidad del matrimonio y la rectitud espiritual, gozan de una vida reposada, mechada con escénicas tertulias semanales con sus pares.

"Muchas mujeres se le habían insinuado a Nailles en el curso de su vida, pero cada vez que lo atacaba una ardiente divorciada, viuda o esposa insatisfecha, su miembro viril manifestaba un doloroso desinterés, como exhortándolo a volver a casa. Era un órgano domesticado, amante de la cocina casera, el fuego en la chimenea y los muslos de su esposa."

Adoran a su único hijo adolescente, al que educaron en un ambiente de sobreprotección y moralidad. Tan convencidos están de su modo de vida, que no perciben a tiempo el desanimo y la asfixia mental que este provoca en el joven. Es allí que el pesar irrumpe en el seno familiar, trastocándolo todo.

Por su lado, Hammer arrastra un pasado de padres abandónicos, conciencia atormentada y alcoholismo; Su reciente matrimonio es un flagrante fracaso y por si fuera poco, tiene que bancarse que su perfectirijillo vecino lo incluya en el exclusivo club de pesca del barrio. 
"Mientras miraba a su víctima, procedió a eliminar de su acusación todos los agraviantes clichés que podían justificarla…Hammer sabía que lo había elegido por otros motivos. Precisamente por su ejemplaridad."
En este contexto, solo cabe formular aquella ley física cuya hipótesis postula que todo Clavo que sobresale se expone al Martillazo. Y está bien.

Por estos días se cumple un nuevo aniversario de la muerte de ese verdadero Maestro que fue John Cheever, quien retrato como nadie la vida en los suburbios acomodados, con sus fachadas opulentas, su normalidad desesperante y, bajo esa superficie lujosa e impecable, el infierno que late. A su alcohólica memoria, Salud!

5 comentarios:

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