21 abr 2011

El manicomio - Fernando Ceballos




El personaje mas popular del barrio de la “calle onda” donde me crié, era el Luisito. Lo recuerdo con un jean trocado en bermuda como única vestimenta y una sonrisa perenne y pícara que atravesaba su afable rostro de enajenado mental. Solíamos verlo en las siestas en plena calle, manteniendo interminables duelos con cowboys imaginarios, arrojándose al piso cuando alguna “bala” lo alcanzaba, haciendo que no pocas veces, algún conductor foráneo detuviera su marcha para intentar socorrerlo, situación que aprovechaba para manguear algún pucho. El Luisito fue mi primer desaparecido. Y no fue un Falcon el que lo chupó, fue una ambulancia.
Quizás Fernando Ceballos se haya topado alguna vez con él, en su paso como enfermero de la Colonia Vidal Abal de Oliva, labor que extendió en varias instituciones psiquiátricas de nuestra y otras provincias. Esa experiencia le brotó en palabras y como él mismo afirma, más allá de plantear el problema de la exclusión de la locura, la intención de su libro es la discusión sobre las técnicas, los saberes y los procedimientos disciplinadores del encierro manicomial que sustentan, la esencia de su trabajo con el sufrimiento mental.
Ajustado en formato de crónicas, las mismas están escritas desde el conocimiento diario de una práctica que se analiza y sobre la cual se reflexiona; reflexión que surge no ya desde el saber institucionalizado y normalizador, sino desde la experiencia y el saber popular. El autor toma la palabra para dar cuenta y darse cuenta, para romper la lógica subjetiva del manicomio, que traspasa la institución y se apoya en el conjunto de la sociedad, a través de las prácticas e ideologías que excluyen, esconden y condenan al que no encaja, al distinto. Este mecanismo de antropofagia social, es diseccionado en todo su espesor, incluyendo numerosas citas de otros autores, que a manera de expansores y fórceps, permiten llegar hasta el hueso, allí donde el dolor se aloja. No es culpa de Ceballos si las imágenes que transmite cargan con la crudeza de una realidad que se debate en ese contexto.
El escribir es un acto, tal vez solitario, pero que tiene la impronta colectiva del compartir. Escribir se construye como cicatriz de la experiencia, y como potencia que impulsa a las palabras a ir más allá de sí, de lo que nombran, de lo que inventan. Es darle la palabra a esa persona que sufre para devolverle la categoría de ser humano, y así despojarnos de poderes que someten, discursos que silencian y prácticas que disciplinan.
La reciente reedición de este trabajo, ahora dentro de la colección “debates” de la editorial universitaria villamariense (Eduvim) aporta como novedad, además del atinado cambio de tapa, el agregado de un par de crónicas, el reacomodamiento de otras y la socialización del intercambio de información vía mail, que entre el autor y una lectora, le permitiera a esta última rearmar parte de una historia familiar negada durante años.
Hay ocasiones en que obstinadamente, un minúsculo granito de arena se aloja en la batiente trayectoria de la puerta y no permite que esta se cierre con facilidad. Desde allí abajo, imperceptible y tozudamente, raspa. Este libro lleva ese espíritu. Ciento y algún páginas que poseen el valor de un pañuelo blanco en la cabeza.

24 mar 2011

Un artista del mundo flotante - Kazuo Ishiguro



Recuerdo que me tope con este libro, en el departamento de una compañera, al que llegue con el objetivo de preparar un parcial, en mis épocas de estudiante universitario. Como según su dueña, el libro era un regalo, se negó a prestármelo temerosa de que nunca lo devolviese, conminándome a que lo leyera allí mismo, sin importarle cuanto tiempo me demoraba en la tarea. No recuerdo, créanmelo, el nombre de aquella compañera, a la que deje de ver hace años, ni la materia que preparábamos, pero nunca olvide al artista del mundo flotante.
La novela narra en primera persona, las reflexiones de  un reconocido pintor ya jubilado, en el Japón arrasado de los primeros tiempos de posguerra. El par de años que demandan las negociaciones y posterior matrimonio de su hija menor, es el tiempo del cual se vale el anciano Masuji Ono para conformarnos un retrato de su carrera artística y de su época; Asistimos a sus comienzos de aprendizaje en el taller de su antiguo maestro Senji Moriyama y la influencia de la tradición pictórica que este representaba:
“Durante todos aquellos años seguimos su mismo estilo de vida y asimilamos sus valores, lo cual suponía pasar mucho tiempo explorando el “mundo flotante” de la ciudad o, lo que es lo mismo, el mundo nocturno del placer, el ocio y la embriaguez que constituía de hecho el fondo de todos nuestros cuadros.”
Ese estilo superficial y vacío, contrasta con la realidad y el espíritu de compromiso social que persiguen los nuevos vientos del Japón Imperial, al que no tardará en sumarse Ono, rompiendo lealtades con su mentor y convirtiéndose rápidamente en uno de los más destacados representantes de las flamantes tendencias.
“En épocas como esta en que la gente es cada día más pobre y los niños que vemos por la calle están cada día más enfermos y hambrientos, lo último que debe hacer un artista es encerrarse a pintar cuadros de prostitutas.”
Ese compromiso militante, con el resultado puesto de la derrota, es mal visto por las nuevas generaciones, influenciadas por el occidentalismo norteamericano triunfante y amenaza con condenar a su hija a la soltería eterna, pues sospecha que  ningún pretendiente quiere quedar pegado a ese pasado familiar. Esta situación llevará al protagonista a saldar viejas deudas con sus antiguos colegas y discípulos, a los que visita, para hacerse cargo de errores cometidos, pero con la satisfacción de haber dado todo por una causa que consideraba justa, reconciliándose así con su pasado y con ese futuro cada vez más ajeno y distinto. Una novela y un personaje sobretodo, que admite múltiples interpretaciones y que puede ubicarse desde ambos lados del espectro político, pero que sin dudas nos hará reflexionar acerca del valor del compromiso social, término que vuelve a conjugarse cada vez más asiduamente entre nuestros jóvenes y que, no casualmente, termina con una frase que juzgo oportuno transcribir un día como el de hoy:


“Parece que, a pesar de los errores cometidos, nuestro país puede todavía enmendar su destino. A estos jóvenes, por lo tanto, no nos queda más que desearles lo mejor.”




12 mar 2011

Aráoz y la verdad - Eduardo Sacheri




Esperaba el reciente feriado de carnaval con especial interés, no por el espíritu festivo y carnestolendo que era de esperar tiñese el fin de semana largo, sino para descansar de un comienzo de marzo agitado al ritmo que impone la venta del texto escolar. Afecto al fútbol y en ese plan, me dispuse a ver por tv un entretenido Barcelona-Arsenal, encuentro que sobre el final “monto en escena” esta jugada, que aunque con un final distinto, es la misma que estructura y da inicio a Aráoz y la verdad, libro que leí hace un par de años, cuando su autor todavía no gozaba de la popularidad que añade un Oscar, conseguida a partir de la versión fílmica de La pregunta de sus ojos, su primer novela.
Aráoz, el protagonista, sufre un quiebre en su vida cuando su mujer lo abandona. Tirado en la cama, recuerda un hecho que marcó su infancia: un partido definitivo, un despeje largo faltando cinco minutos, la defensa del Deportivo Wilde mal parada y el delantero del equipo rival que agarra la pelota y se va solito para el arco; el único que puede alcanzarlo es el nº 5, Perlassi, su ídolo, que lo corre de atrás:
"Es natural que Perlassi no se arroje al piso para quitar el balón desde atrás, por que si falla perderá un tiempo precioso y el Tanque saldrá definitivamente de su alcance. Pero si esa opción no puede contemplarse…¿Qué espera para hacharle las pantorrillas?...El arquero acaba de dar un par de pasos hacia el Tanque con la intención de achicarle el ángulo de tiro. El Tanque adelanta el balón por última vez, para alejarlo un poco de su botín derecho y permitirle a su pierna el mejor recorrido para el disparo. Perlassi atrás. Todavía atrás. Definitivamente atrás."
Mascherano, para regocijo de la afición culeé, hizo caso omiso al libreto de Sacheri y le robó la pelota al delantero inglés, pero en la ficción los hinchas del Wilde no tuvieron tanta suerte. Aráoz, tres décadas después de aquella “catástrofe” decide viajar a un pueblito perdido en la pampa, para encontrar al ídolo y preguntarle por que dejo seguir al 9: “Lo que me importa es saber lo que pasó con Perlassi. La verdad. Eso quiero saber. La verdad.”
Seis días deberá permanecer el protagonista en ese pueblito para encontrar lo que fue a buscar, esa verdad dolorosa que hunde sus raíces en la infancia, pero que puede redimirlo de sus más profundas derrotas.
Seis capítulos deberá desandar el lector para entender que existen tantas verdades como interpretaciones posibles, aunque se sepa que solo prevalece aquella que consigue el poder necesario para imponerse.

12 feb 2011

La pieza del fondo - Eugenia Almeida





La pieza del fondo, es la segunda novela que publica esta escritora y docente cordobesa, nacida a principios de la década del 70, que sorprendió a propios y extraños con el primero de sus trabajos, la premiada El colectivo, una de mis preferidas a la hora de atender el pedido de “alguna novela sobre la dictadura” que anualmente renuevan las docentes de literatura. En esta oportunidad, la autora redobla la apuesta bajo el mismo recurso de interrumpir, sorpresiva y enigmáticamente una rutina, detonando de esta manera sencilla y efectiva, la trama de una novela distinguida.
Un hombre mayor que no puede valerse totalmente por sus propios medios, se halla “abandonado” en el banco de una plaza, en el que pasa abstraído, la mayor parte del día. Solo ha reparado en él, Sofía, la joven y explotada moza de un bar aledaño, que suele llevarle comida a escondidas y sentarse a su lado a charlar después del trabajo, aunque solo sea ella la que hable. El rito se perturba cuando el viejito desaparece, dando lugar a la presentación de una galería de disimiles personajes, quienes a su turno se van pasando el protagonismo unos a otros, como en una carrera de postas; Frías, un isleño viudo devenido en policía; el Director de una colonia Psiquiátrica; la Dra. recién llegada a la colonia, dueña a su pesar de una infancia convertida en triste leyenda; la hermana amputada de Sofía y algún empleado de sanidad con futuro de tragedia filiar. Todos ellos van urdiendo a partir de sus diálogos una historia única y radial, nacida a partir de aquella ausencia, como si después de haber trazado el círculo retiramos el compás, y solo queda la marca en el centro como evocación de una presencia que resultó determinante y sobre la que pivotean los personajes del libro, girando siempre alrededor de ese viejo ausente y anónimo, que también es el prójimo, el otro. Y es esta la temática que atraviesa todo el libro: de que manera nos relacionamos y que somos capaces de hacer por el otro, el desconocido, ese que espera al lado nuestro en una cola, el empleado que nos atiende en un organismo público o el que esta en la calle estirando la mano.
“Los otros, los que están siempre, ésos presentan batallas feroces. Después están las otras, las invisibles. Si ese hombre que pasa por la calle podría quererte. Si esa vieja que cruza la esquina podría arroparte como a una hija…En esas batallas viene todo el agobio de lo vivido, de lo tragado, las piedras que uno debió cargar. Batallas nuevas que no toleran estar ya definidas. Esas son las que valen. Las que permiten saber si alguien puede ser capaz de amarte. Los padres, los hijos, los hermanos, ésos ya aman u odian desde siempre. La verdad está en los otros.”
Respaldada en largos diálogos, estos parecen ser quienes soporten el peso de la novela, a partir del uso que cada personaje hace del lenguaje, dejando al narrador la palabra exacta y pulida, que se desgrana en frases cortas y despojadas, difuminando a veces los bordes entre prosa y poesía.
Un libro exquisito, de esos que empiezan, cuando uno los termina.



29 ene 2011

Abundancia - Mory Ponsowy



“la tercera es la vencida” habrá pensado Mory Ponsowy antes de enviar su fogueada novela (había sido finalista del premio Clarín 2009 y la otra orilla 2010) al concurso Letra Sur 2010 y a semejanza de lo que casi siempre ocurría en aquellas batallas libradas por los legionarios del ejército romano, la carga del tercer ataque fue definitiva, y victoriosa.
Abundancia, tal el título de la novela referida, debería llamarse escasez si nos centrásemos en la voluntad y autoestima de la protagonista, quien posee en niveles por debajo de lo recomendable la segunda y necesita sniffarse un par de rayas para mover la aguja de la primera. Vive en un departamentito de soltera, tiene un fitito y un laburo inventando frases que asocian cualidades a productos que no las tienen, en una agencia de publicidad. Esta leyendo a Sapolsky, un barbudo de esos que aparecen en los documentales de NatGeo, que después de tantos años de convivir con los monos y estudiar sus conductas, llegó a la misma conclusión que mi maestro de taller en el industrial ya sabia: “el que nace para pito, nunca llega a ser corneta”; situación que la protagonista confirma diariamente al compararse con la bella, vital y productiva compañera de trabajo, que a todas luces a resultado favorecida en la combinación de genes y ambiente que señala el destino de cada uno de nosotros.
Tomar como certeza esta teoría, cuando uno sospecha que en la ecuación le ha tocado ser pito, convengámoslo, deprime a cualquiera. No se extrañe el lector entonces, si nuestra anti heroína se desliza por el tobogán de la flagelación física y anímica, hundiéndose más a cada paso, signada por esa recta trayectoria y algún que otro rengo hijodeputa.
Pero, quizá la falta de higiene personal durante tantos años, le chiflaron un poco el moño al barbudo de los monos y las cosas no sean tan determinantes, quizá le sea posible encontrar por motu propio, un tercer punto, ajeno a esa recta determinista, cuyo contacto permita trazar un arco, salirse del esquema, animarse a tocar otra música, aunque sea con un pito.
“Ese tercer punto es fundamental: marca la diferencia entre una línea recta y una línea de forma redondeada; entre puntos que avanzan estrictamente siempre en una misma dirección, y puntos que giran y dan vueltas en el plano, como si bailaran. Me gusta pensar que la diferencia que hay entre una línea recta y una curva es la misma que hay entre la monotonía y la sorpresa…En literatura, el concepto de arco es similar, aunque no tiene que ver con puntos y planos que se cortan, sino con trayectorias vitales: se habla de un arco para hacer referencia al camino seguido por aquellos personajes que, en algún momento de la historia, alcanzan una revelación. A diferencia de las vidas uniformes y lineales de casi todos los demás, las de ellos son impredecibles.”
Ya lo decían los romanos, el tercero, es el de la victoria.

22 ene 2011

El autobús perdido - John Steinbeck


Hace un par de días un cliente amigo que partiría rumbo a Buzios en plan de vacaciones, se acercó hasta la librería en busca de algún libro, con la sana intención de que su lectura acortara los 3000 km. que debería recorrer en colectivo para llegar a destino.
Le recomendé el autobús perdido al que adjunté a modo de promoción un marcador, no de páginas como era de esperarse, sino al solvente. Más de 40 horas pegado al asiento reclinable, en soterrada lucha con un desconocido por ganar la exigua comodidad de un simple apoyabrazos, solo se compensa, créamelo, con la lectura de semejante libro.
Juan Chicoy , un mejicano trasplantado en California, regentea un parador en el cruce de una ruta local que une dos carreteras principales; Quienes quieran llegar a Hollywood o las playas mexicanas viniendo del este, deberán hacer escala allí y tomar el destartalado “Sweetheart” que conduce Juan, hasta enlazar la ruta final de destino en San Juan de la Cruz. Su esposa Alice, junto a una dependiente, atienden el drugstore y Pimples, un jovencito acomplejado por su acné, le ayuda en la estación de servicio y el taller.
Un heterogéneo pasaje ha coincidido esta vez a bordo del bus lechero, que deberá tomar una ruta aun más alternativa que la habitual, debido a la crecida de un caudaloso río que amenaza destruir dos viejos puentes que jalonan el trayecto. Hasta aquí, la sencilla y mínima trama de la novela, que pone el zoom en el carácter, la personalidad, los móviles y sentimientos de los diez discordantes pasajeros, entre quienes se cuenta el Sr. Pritchard:
“Era un hombre de negocios, presidente de una empresa de tamaño mediano…sus pensamientos e ideas no se veían nunca sometidos a la crítica, pues de forma deliberada se relacionaba sólo con aquellos que eran como él. Detestaba a los extranjeros y sus países porque en ellos era difícil encontrar a sus iguales… En las ocasionales fiestas exclusivamente para hombres en que unas chicas desnudas bailaban encima de las mesas, el aullaba y bebía vino, pero había otros quinientos señores Pritchard allí con él.”
Quién viaja a Méjico de vacaciones, junto a su hija y su esposa Bernice:
"Había aceptado la libido inicial de su marido, y luego, de manera gradual y por medio de una reticencia leve pero constante, la había primero moldeado, después controlado, y poco a poco estrangulado… no quería ir a Méjico. Solo quería ver de nuevo a sus amigas después de haber estado allí. Mildred si quería ir, pero no con sus padres. Quería conocer gente nueva y rara, y a través de dicho contacto volverse nueva y rara ella misma."
Completan el pasaje Horton, un ex combatiente que recorre el país vendiendo artículos de bromas; el odioso y agrio Van Brunt al que la parca ya le pico el boleto; Nora, la fea empleada del drugstore que, harta de bancarse la histeria de su patrona, quiere probar suerte en Hollywood y Camille Oaks:

"Esa chica emanaba una sexualidad muy poderosa. Era la clase de chica a la que todos miraban al pasar. Algo tenía, y no era el maquillaje ni la forma de caminar, aunque eso también influía algo…no había forma de conservar un empleo normal, en las oficinas se armaba un revuelo cuando la contrataban. Ahora tenía un chollete…se desnudaba en despedidas de soltero y fiestas para hombres."
Dale, subí que quedan asientos. Te aseguro que vas a recordar este viaje mientras vivas.

15 ene 2011

La otra playa - Gustavo Nielsen


Gustavo Nielsen es arquitecto. También es escritor. Ejerce con singular éxito ambas profesiones. Siguiendo una línea de pensamiento determinista, podríamos inferir que sus novelas están bien “estructuradas” o bien, que sus edificios poseen “argumentos” interesantes. Puede que ambas cualidades sean verdaderas, aunque de seguro no por las causas mencionadas al principio.
Sin embargo, al leer la otra playa (premio Clarín 2010) resulta tentador buscar allí, conexiones entre ambas disciplinas, con el único afán de evitar reprimir en mi persona tentaciones inocuas, hastiado de hacerlo en las otras.
Por formación, los arquitectos son afectos a ir de lo general a lo particular, es decir, parten desde una idea general rectora, abarcativa y ordenadora, que luego va adquiriendo su forma definitiva con el agregado de matices y particularidades propias. Esta “idea” es algo más que el esqueleto de la novela, es su esencia.
Proclives al grafismo arquitectónico, podríamos dibujar la esencia de la otra playa con una especie de H: dos realidades o niveles paralelos y extemporáneos, se conectan en la piel de los protagonistas a través de lo irracional. Veamos.
Nivel 1: Antonio, fotógrafo cuarentón en crisis matrimonial, caminando por la peatonal se cruza con una joven desconocida que llama poderosamente su atención y a la cual comienza a fotografiar obsesivamente. El incidente, precipita el malestar familiar y Antonio se “retira” a pasar unos días en la casa costera de un amigo, presintiendo que en esa chica están las respuestas a las preguntas que agobian su existencia.
Nivel 2 (décadas después): Lorena, joven fotógrafa, años atrás perdió a su padre, de quien heredo la profesión, en un accidente automovilístico. Hace unos meses que está de novia con un escritor de novelas de terror, que la invita a pasar unos días en “aquella” casa junto a la playa.
Bueno, lo vais pescando, verdad. Promediando la novela comienzan a develarse las conexiones entre ambos niveles, dando paso a un juego en donde se mezclan los sueños y las apariciones, lo real y lo irracional, bajo el paraguas de Schopenhauer y su teoría de la fabricación de un fantasma:
"El ojo humano recibe imágenes debido a una mezcla de estímulos exteriores y convulsiones nerviosas internas. Pero también las puede recibir sin intervención de lo exterior. Por determinación de excitaciones interiores, el cerebro puede proyectar figuras en el espacio. Las figuras así formadas no serán fáciles de distinguir de las ocasionadas por los sentidos.”
Al final, la novela comparte algo de la esencia de este post: prometía una cosa y termino siendo otra.

18 dic 2010

En picado - Nick Hornby


Si ya estas en la azotea, salta! rezaba el estribillo de aquel temazo de Don Cornelio y la Zona, cuya cinta solía repetir infinitamente en los ochenta, fogoneado tal vez por la inútil disposición del comfer de prohibir su difusión por los medios masivos, al considerarlo una apología del suicidio. También fue al influjo de este tema, que vi por primera vez en vivo a un cantante abandonar la firmeza de las tablas del escenario para lanzarse en caída libre sobre las cabezas de alucinados fans, que recibían en sus brazos al poeta Pandolfo, como si este fuese maná del cielo.

En picado, se pone a prueba el postulado de aquella canción, cuando el último día del año, cuatro desconocidos coinciden en subir los treinta metros que separan la azotea de un emblemático edificio con la vereda, esmerados en el utilitario objetivo de sumar suficiente fuerza de gravedad en sus cuerpos al momento de estrellarse contra el duro pavimento, situación que les garantizará un suicidio eficaz. Motivos para tan extrema decisión nunca faltan cuando el balance que suele hacerse por estas épocas, les ha arrojado un resultado exageradamente negativo a los cuatro, presentados aquí por orden de aparición:
Martin: un conductor televisivo bastante conocido caído en desgracia después de ser descubierto cogiéndose una quinceañera, traspié que le costo la perdida de esposa e hijas, trabajo, libertad y reputación.
Maureen: madre soltera de un joven con parálisis cerebral, hastiada de su insubstancial vida.
Jess: Joven rebelde e irrespetuosa, hija del ministro de educación, cuyo novio la ha abandonado y que carga con la desaparición de su hermana mayor.
JJ: guitarrista de una incipiente banda de rock que acaba de desmembrarse, finge una enfermedad terminal ante los demás, ante la trivialidad de su móvil suicida.

Aunque el porvenir los espante, el cuarteto no esta muy convencido de las bondades que depara el sueño eterno, por lo que deciden posponer por 90 días sus intenciones, pactando en ese lapso periódicas reuniones, de las que se sirve el autor para destilar con su particular humor, las múltiples formas que adoptan las relaciones humanas cuando prima la adversidad, la soledad y la baja autoestima. El libro esta estructurado en las voces de cada uno de los protagonistas, quienes a su turno van narrando su visión de los acontecimientos y como en casi todas las novelas de Hornby, los finales se desencadenan como un retorno a la “normalidad” inicial después de atravesar la zona de tormentas. No les dije ya, que Hornby es un maestro? Hace falta que lo repita? Ok.

27 nov 2010

Contra el viento del norte - Daniel Glattauer




Hace un tiempo ya, mientras disfrutaba la proyección de una excelente película en el cine, la chica que ocupaba la butaca delante de mí, recibió y seguidamente contestó un par de mensajes en su celular; quizá el cadencioso sonido del aparatito o el brillo de su pantalla en el oscuro contexto, lograron desviar mi atención en el film para concentrarla en descifrar las diminutas letras que aparecían en la pantallita, cuyo fulgor me atraía como el reflector de un cazador a la liebre. Cuando por fin se apagó, un poco desencantado por que la trivialidad de los mensajes que había espiado no eran del tipo: “mate a mamá y me comí sus restos” que yo esperaba, me costo retomar el hilo de la película, habida cuenta de que mi actitud voyeurista hizo que perdiera parte sustancial de la misma.

Recordé la anécdota, razón que la traigo a cuento, mientras leía la sucesión de e-mails que conforman esta adictiva novela, primera editada en argentina del austriaco Daniel Glattauer.
La cosa es así: Emmi intentando dar de baja una suscripción envía equivocadamente un correo a un desconocido; este cortésmente contesta haciéndole saber su error. Ok, sorry. Meses después la mina persiste en el error, provocando una imaginativa respuesta que siembra en su interior aquello que mato al gato: curiosidad. A partir de allí el intercambio de correos crece proporcionalmente a la atracción entre los interlocutores, quienes a cuentagotas se van revelando detalles de sus vidas privadas, derivando en una poderosa y absorbente relación on-line, estado que ambos intentan perdurar, temerosos de que el mundo real destruya esa persona imaginada a partir de los datos ofrecidos en la bandeja de entrada. La curiosidad inicial se va transformando en deseo y el deseo deja al descubierto aspectos insatisfechos en la “feliz” existencia de la protagonista.

Afecto a clasificar, podría colocar a Contra el viento del norte en el estante: novela de amor epistolar, pero estaría mintiendo por dos motivos: no tenemos tal estante y el tema excede ampliamente el abordaje de la relación entre dos seres, ofreciendo múltiples alternativas de análisis a partir del choque planteado entre el mundo real y el virtual, de innegable actualidad. Otro costado para analizar es la manera en que esta escrita, ya que el libro es una sucesión de e-mails, tal cual aparecen en la compu, es decir con el encabezado, la hora y el día en que se envió, etc. situación que plantea una incipiente novedad estilística influida por las nuevas tecnologías, y esto no es un dato menor,  ya Barthes decia al respecto:
"Por eso la escritura es una realidad ambigua: por una parte nace, sin duda, de una confrontación del escritor y de su sociedad; por otra, remite al escritor, por una suerte de transferencia trágica, desde esa finalidad social hasta las fuentes instrumentales de su creación. No pudiendo ofrecerle un lenguaje libremente consumido, la Historia le propone la exigencia de un lenguaje libremente producido."

31 oct 2010

Tristano muere - Antonio Tabucchi



“Cuando un elefante siente que ha llegado su hora se aleja de la manada, pero no se marcha solo, escoge a un compañero que vaya con él, y parten. Y avanzan y avanzan, durante kilómetros y kilómetros tal vez, hasta que el moribundo no decide que ése es el lugar para morir, y da un par de vueltas trazando un círculo…y en ese círculo sólo puede entrar él, porque la muerte es un hecho privado, muy privado, y allí no puede entrar nadie más que el que se está muriendo… y entonces le dice al compañero que le abandone, y el otro regresa a la manada.”
Tristan o, un partisano que ha luchado por la libertad y la justicia de su país, sintiéndose morir, convoca a los pies de su cama a un escritor, para dejar constancia de su lucha. Y es su única voz, en ejercicio de su memoria, la que irá subrayando los hechos que han jalonado su destino trascendente, sin por ello desconocer en algunos, sus propias miserias y contradicciones. En ese derrotero descubrirá que el enemigo ya no calza botas militares como en aquellos terribles años de guerra, sino que ahora, con la irrupción de la estupidez televisiva, se ha vuelto mucho más sutil y complejo.

“en su solemne objetivo de abolir totalmente de la mente humana cualquier clase de pensamiento nocivo para él, incluso el más nimio, empezará gradualmente a expurgar de sus cajas de cristal toda imagen portadora de ideas, hasta vuestra completa desintoxicación y la absoluta desaparición de todo signo significante …como las que os propinan cada noche...y así miraréis únicamente la luz, de vez en cuando un crepitar de puntitos luminosos, donde se perderá vuestro pensamiento y el naufragar os será dulce en ese fulgor."
El amor, la traición, la muerte y su acción política, han dejado profundas marcas en su vida y la de su patria, pero aprendió que la historia (individual y colectiva) se construye con las propias manos “solo con tener la fuerza de decirle, señora historia, usted no es nada, no se haga tanto la arrogante, usted no es más que una hipótesis mía, y si no le importa ahora me la invento como prefiero”. Su cuerpo ha acusado el impacto de tanta disputa y esta pasando la factura, la morfina que le suministran alarga la agonía del relato que preservará su pensamiento para convertirlo en palabra escrita, memoria que antes fue acción y lucha.

“porque cuando el monstruo ha sido vencido y has dejado de creer en los vencedores del monstruo, no te queda más opción que creer en tus propios sueños… la responsabilidad empieza en los sueños, porque nuestra mano sólo llega hasta donde termina el brazo, pero el sueño va mucho más lejos…es una prótesis, supera la cárcel de la existencia.”